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Miércoles Agosto 17, 2022

La experiencia de Cartagena a raíz de la elección de Campo Elías Terán como Alcalde y el desgraciado proceso de su enfermedad que lo llevó hasta la muerte es un caso del cual se desprenden múltiples lecciones que podrían servir de casos de estudio en facultades de ciencia política, de sociología, de psicología.

La historia de un hombre exitoso, popular, carismático que ascendió social y económicamente gracias a su talento, habilidad y trabajo, que por su creatividad pasa de ser famoso a ser tenido como generoso, solidario, sensible a los problemas de la gente y por esa vía a ser tentado por la política, en la que termina enredado y con un final en medio de la tormenta.

En el camino Campo Elías se hizo amigo de concejales y congresistas, cuya amistad lo llenaba de orgullo. Entendía la política y el Estado desde la más profunda cultura clientelista para deparar favores que sus destinatarios recibían y aceptaban agradecidos. Ese fue el mundo que conoció y la lógica que aprendió. Los destinatarios de la acción pública no eran ciudadanos que ejercían derechos sino “favorecidos” o “desfavorecidos” por la sensibilidad o insensibilidad de los gobernantes.

La relación que estableció con los políticos tradicionales de Cartagena no fue solo, como se dice, por el oportunismo de éstos para sumarse a una causa que era invencible. No, era una relación de vieja data. A la mayoría los saludaba afectuosamente desde la radio más escuchada de Cartagena. “Hermano mío”, “ Mi compadre” etc eran las expresiones sinceras construidas desde una perversa relación entre favores políticos y periodismo regional del que hay estudios en diversas regiones del país. Sin embargo, fustigaba a los alcaldes de turno lo que lo hacía parecer como un crítico de la política.

Ahí construyó un enorme capital político, que tenía la capacidad de convertirse en centenares de miles de votos el día que quisiera tal como decidió hacerlo para llegar a ser Alcalde, a hacer favores: “cuando yo sea alcalde los voy a llenar de publicidad para que salgan de pobres” les decía frecuentemente a sus compañeros periodistas.

Reflejaba la forma de entender la relación entre gobernantes y gobernados y seguramente expresaba también la expectativa de sus amigos. “Si Campo llega a la Alcaldía nos va a ayudar”.

Ya metido en la política entendía que era haciendo “acuerdos” con los políticos como se podía tener éxito en ese mundo. A pesar de que no necesitaba del apoyo de nadie para llegar a ser Alcalde buscó el apoyo de la mayoría de ellos durante la campaña electoral. Todos sabían que con ellos o sin ellos Campo sería Alcalde, pero les servía mantenerlo en su creencia errada de que los necesitaba.

Creía que parte del ejercicio de gobernar era repartir entre los grupos políticos. Estaba convencido de que los necesitaba, por ejemplo, para conseguir que los programas nacionales se ejecutaran en Cartagena. Repitió una y mil veces: “voy a necesitar de los congresistas para que me ayuden a traer cosas para Cartagena”.

Era la lógica clientelista –otra vez- de que el Estado es para hacer favores. No creía posible que hubiese unas reglas más o menos transparentes de acceso a los recursos públicos, que en Cartagena habría más familias en acción con o sin congresistas.

No sabía cómo manejar la relación con políticos voraces que cada vez querían una parte más grande de la torta. Ellos eran sus “hermanos”, además los necesitaba, entonces no era fácil saber cómo comportarse.

Es conocido el video en el que se muestra a Campo saliendo de su despacho de la Alcaldía casi a implorarle a un grupo de políticos que lo esperaban afuera que lo dejaran gobernar, que no lo presionaran más.

Como entendía que desde el Estado se hacen favores, Campo creía que era normal que quienes tenían alguna decisión pendiente de la Alcaldía expresaran su gratitud con halagos o con regalos.  Por eso no encontraba “nada de malo” que quien necesitaba que le cambiaran las normas urbanísticas de la ciudad para desarrollar un proyecto inmobiliario que no se podía desarrollar con las vigentes, lo invitara, lo atendiera, le hiciera regalos, etc.

Le debía parecer exótica –por ejemplo- la regla que impuso Antanas Mockus de que los funcionarios devolvieran los regalos que les llegaban en la época de Navidad.

En esa confusión de reglas y roles se colaron muchos avivatos que “echando cuentos” o aprovechando cercanías con la familia llegaron a “aprovechar”. “Marica el último”, es un dicho que se usa en el Caribe. En el interior se dice de otras maneras pero también se predica y se practica.

En medio de ese enredo empezaron rápido los órganos de control. Campo no había entendido que tenemos una ciudadanía más activa, que hay quienes entienden que ejercen derechos, que exigen que las reglas del Estado sean clara e iguales, etc, etc.

Campo –que solo recibía alabanzas- empezó a ser objeto de críticas e investigaciones. Sobrevino la enfermedad y ahí el turno es para la psicología, de la que no puedo hablar prácticamente nada, pero imagino que ayudará a explicar los comportamientos esperados y los ocurridos. La “traición” o la “lealtad”. La ambición y la voracidad.

Campo se murió sin entender unas reglas distintas a las del clientelismo.  Por eso, muchas cosas de las que sus críticos lo acusaban lo sorprendían y tenía expresiones como “ese proyecto va porque va”, porque creía sinceramente que el gobernante podía hacer lo que quería y que “no había nada de malo”.

Cartagena venía de un proceso de construcción de una cultura política distinta. Cuatros años en los que a la gente le decían que no pedía favores sino que ejercía derechos, en los que a los políticos les decían que había que construir conjunta pero abiertamente, que no eran acuerdos para beneficio particular sino consensos colectivos para propósitos comunes.

Esa experiencia significó mejoras en indicadores sociales, en gobernabilidad y en desempeño fiscal pero la lección pareciera que no se aprendió. Habrá que ver si la de ahora, que significó retrocesos en casi todos los campos, sí se aprendió.
 

Comentarios - Cada usuario tiene la posibilidad de incluir solo tres comentarios
Sáb, 2013-05-18 16:54

Campo, se fue y dejo a Cartagena con una ingobernabilidad que nadie pensó que pasara Cartagena retrocedió veinte años, la dinámica que que las administraciones deben construir sobre lo construido una vez más fallo, Judith pinedo trabajo el Material Humano, le aposto a la educación una Cartagena educada era su plan, la administración del fallecido alcalde elegido con la máxima votación electoral en la historia de la heroica desmonto esta revolución educativa, eliminando programas de educación, cerrando escuelas nocturna que ellos mismo crearon para remplazar a la fundación transformemos, Cartagena cual será tu destino...
Hay que elegir bien...

Sáb, 2013-05-18 16:53

Muy buenos comentarios, en especial los temas que toca, aunque la antropología también puede estudiar el caso, en el marco de la sociedad Cartagenera, su cultura y la influencia de los "blanquitos" en él.
Pero le recuerdo al columnista que 70 obras inconclusas de Edurbe y el parque del Centenario entre otras....mas casos investigados de la administración anterior como la venta de una playa, desdicen de sus dos últimos párrafos, donde al elogiarla, usted "deshace con los pies lo que construye con sus manos"

Sáb, 2013-05-18 16:51

Buenos dias, de todo lo que se ha dicho de Campo Elias, qepd, es la unica vedad verdadera, valga la redundancia, aunque no estoy de acuerdo con que hubiera sido electo sin el apoyo de los politicos, todos tenemos conocimiento de lo que ha pasado a candidatos que han pretendido ser disidentes politicos.

Sáb, 2013-05-18 16:48

CAMPO ELIAS TEHERAN DIX, a Dios gracia por haberme permitido compartir con el y hacer parte de la historia del deporte Cartagenero, pocos, muy pocos tienen ese gran privilegio, comparado con el privilegio que nos dio DIOS de haber podido vivir esa época maravillosa del PIBE, ASPRILLA, HIGUITA Y RINCON.........!!!!!! PERO A LA VEZ SIENTO MUCHA VERGUENZA Y TRISTEZA DE HABER TENIDO QUE VIVIR TAN INFAME PERSECUCION HECHA POR LAS MAFIAS POLITICAS DE CARTAGENA A UN HOMBRE DEL PUEBLO Y PARA EL PUEBLO, QUE VIVIO EN CARNE PROPIA LA NECESIDAD Y MISERIA DE LA OTRA CARTAGENA, Y QUE AMPARADO EN SU BUENA FE, HUMILDAD Y VOCACION HUMANITARIA SE PROPUSO HACERLO PASANDO DE LO PRIVADO A LO PUBLICO COMO EN REPRESALIA POR DEVOLVERLE AL PUEBLO LO QUE ES DEL PUEBLO.......PERO ANTES MUCHO ANTES LO ACOSARON, LO PERSIGUIERON, PERO NO PUDIERON DERROTARLO EN SU GRAN SUEÑO Y ASPIRACION DE LLEGAR AL PALACIO DE LA ADUANA CON UNA VOTACION HISTORICA.........PERO EL MAL ES PERVERSO E INSACIABLE Y UNA VEZ POSESIONADO VO

Sáb, 2013-05-18 16:47

Semblanza interesante de Campo Elías que se replica en la sociedad colombiana. El ejercicio de la ciudadanía, esto es de exigir derechos y cumplir deberes, es esencial para cambiar la cultura política de tráfico de favores. Cuando se entienda que un cargo público conlleva un fin colectivo de bien común, y no de favorecimiento o el famoso "aprovechar el cuarto de hora", Colombia por fin sería una democracia real y no de papel. En todo el territorio nacional se confunde el ejercicio del servicio público, de ahí tanta corrupción desde las cosas pequeñas a las grandes. Del carro oficial para hacer mercado, o la ruta al aeropuerto o al colegio,el soldado de doméstico, trancar las vías para saltarse el trancón, aceptar toda clase de regalos e invitaciones para "ablandar" una decisión, o esperar un pago por ejercer su función y del elector que cree que su elegido es para su beneficio o sino es un traidor. Mucha falta hace un Mockus que haga entender que ahí esta la semilla de nuestro atraso

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