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Lunes Noviembre 29, 2021
El Presidente Santos termina su primer año de Gobierno con dos de cada tres colombianos en contra. Él, sin embargo, sigue corriendo contra la desfavorabilidad porque considera que la meta de la paz vale la pena. Foto: Presidencia de la República.

Hoy Juan Manuel Santos termina su primer año del segundo gobierno que fue –según varios analistas consultados por La Silla- un año malo. Pero el Presidente asumió unos costos políticos para sembrar una semillas de la paz que si fructifican podría ser rápidamente olvidado.

Un año malo
El Presidente Santos logró avances importantes en el tema de infraestructura, con el liderazgo de su Vicepresidente, que se llevó gran parte del rédito político.
Santos le apostó fuertemente a conseguir respaldo internacional al proceso de paz, algo que puede ser clave para blindar el proceso de paz de futuras intervenciones de la Corte Penal Internacional.
Santos logró en elecciones el respaldo de una amplia coalición a la paz, representada por 'Doña Mechas'. Pero eso no se tradujo en un mensaje unificado para su gobierno.

Después de una dura y enconada campaña electoral que amenazó su permanencia en el Gobierno, Juan Manuel Santos logró permanecer en Casa de Nariño como un ganador, con una amplia y diversa coalición política detrás y con un cheque en blanco de los colombianos para que firmara un acuerdo con las Farc.

Prometió liderar cambios históricos en tres frentes: en la educación, en la equidad y en la paz. E hizo una invitación amplia a favor de la unidad.

“Eso es lo que les propongo: Que caminemos JUNTOS, que trabajemos JUNTOS, por lo que NUNCA nos habíamos imaginado como país”, dijo en su discurso inaugural.

Un año después, poco queda de ese aura de trinfalismo. Este siete de agosto, el Presidente termina con la favorabilidad de tan solo un tercio de los colombianos.

Las encuestas más recientes de Ipsos y de Cifras y Conceptos difieren en casi todo frente al panorama electoral. Sin embargo, coinciden en una cosa: en la primera, Santos tiene una favorabilidad del 29 por ciento y una desfavorabilidad del 68 por ciento. En la de Cifras, el 38 por ciento lo ve con buenos ojos, y el 59 por ciento lo rechaza. En ambas está en su punto más bajo desde que se convirtió en presidente hace cinco años.

Santos tampoco logró la unidad por la que ha abogado desde el primer día de su mandato. En realidad, no la logró ni siquiera al interior de su coalición política.

Después de haberlo elegido, la izquierda y el partido Verde volvieron a reubicarse en la oposición al Gobierno aunque siguen acompañando su esfuerzo de paz.

Fue una realineación predecible dado que varios dijeron que estaban votando por Santos “con tapa-bocas” y solo porque creían en la negociación en la Habana. Menos esperable fue que la Unidad Nacional se fracturara tan pronto.

Como lo contó La Silla al terminar el actual Congreso, la coalición de la Unidad Nacional con la que ha gobernado Juan Manuel Santos desde que llegó al Gobierno perdió su disciplina en esta legislatura.

En votaciones clave del Senado, como la venta de Isagen o el equilibrio de poderes, los tres partidos aliados de Santos (la U, el Liberal y Cambio Radical) se dividieron. El único aliado incondicional de Santos fue Opción Ciudadana, el viejo PIN. Y, en más de una ocasión, fue el uribismo el que le terminó dando la mano al Gobierno para salvar algunas iniciativas.

Esta división se ha vuelto más evidente en las elecciones regionales.  Aunque a finales del año pasado, el Gobierno había acordado con los líderes de los partidos de su coalición que irían con candidatos de la Unidad Nacional allí donde hubiera una amenaza de perder, lo cierto es que al final pesaron más los intereses de los aspirantes presidenciales para el 2018 o las realidades locales.

El caso más evidente fue Bogotá, donde el vicepresidente Germán Vargas terminó apoyando la aspiración a la Alcaldía de Enrique Peñalosa, principal rival del candidato de los otros dos partidos de la Unidad Nacional Rafael Pardo. Esto a pesar del riesgo real de que gane la oposición.

“En lo electoral, el gobierno terminó siendo tan policéfalo como en el manejo del ejecutivo”, dice el analista político Carlos Suárez. “La articulación desde Palacio es muy poca”.

Suárez se refiere a una percepción generalizada entre varios de los consultados y es que al interior de Casa de Nariño lejos de haber tenido un liderazgo fuerte y cohesionador, el Presidente Santos terminó delegando todos los temas menos el de la paz y abriendo el espacio para varios “feudos” independientes.

“La sensación es de un gobierno disfuncional y de una falta de liderazgo del Presidente hacia adentro”, dijo a La Silla un representante de gremio.

Durante este año, la percepción es que se conformaron en Casa de Nariño tres ejes alrededor de tres aspirantes a la Presidencia: el eje de Gina Parody, conformado por la ministras de educación, de Comercio Cecilia Alvarez y la Secretaria General Maria Lorena Gutiérrez junto con la Primera Dama; el del Vicepresidente, que tiene detrás suyo a los ministros de Vivienda, de Transporte, de Agricultura, y del Interior y que perdieron un pie en Palacio con la salida de Néstor Humberto Martínez; y el del ministro de Hacienda Cárdenas, que aunque más solitario, tiene el sartén por el mango de la billetera.

Obviamente, en la mitad, hay varios ministros que no se alinean con ningún lado y que andan en lo suyo, pero que padecen los roces generados en Palacio y la distancia del Presidente.

Después de que varios de los ministros sostuvieran peleas públicas entre sí, La Silla contó que estas divisiones son en gran parte producto de que el Presidente empodera a los ministros pero que cuando existe un choque de visiones entre ellos Santos se demora en definir (o sencillamente no define) la línea a seguir, lo que hace que más temprano que tarde el choque se dirima públicamente. Y que también es el resultado de un “problema de incentivos”.

“El Presidente no premia la lealtad; y la oposición desde adentro no genera ninguna consecuencia negativa. Por eso no hay ningún incentivo de alineación,” dijo a La Silla uno de sus funcionarios y dio como ejemplos, la actitud del ex ministro Pinzón que luego de oponerse a la bandera del gobierno fue ascendido a Embajador en Washington.

Varios de los consultados contaron que, además, existía una cierta desconexión entre el Presidente y sus ministros en el “uno a uno” en los temas que no tienen que ver directamente con la paz.

“Santos no es un jefe político”, dijo una persona que lo conoce bien. “Si lo fuera lideraría algún cuento, recogería banderas, causas. Él es un buen administrador de un gobierno moderado, de centro, técnico, con muy bajo ingrediente político, que no genera pasiones y que quiere hacer las cosas bien. Ofrece buenos resultados pero no cuenta una historia que mueva a su gente en la misma dirección. Por eso, al final, se imponen los proyectos individuales”.

Los logros
El Vicepresidente Vargas se convirtió en el rostro de la ejecución del Gobierno en las regiones.
Los negociadores de paz en la Habana lograron durante este año sacar un acuerdo sobre la Comisión de la Verdad y un acuerdo de desminado conjunto. Pero siguen enfrascados en discusión sobre la justicia transicional.
La arremetida terrorista de las Farc antes del 20 de julio le quitó al proceso gran parte de su credibilidad entre la mayoría de colombianos.

Aunque las encuestas muestran que el Gobierno no logró transmitir sus logros, en términos de resultados concretos hay varios: se desarticularon cientos de estructuras criminales y el homicidio cayó un 17 por ciento; el desempleo llegó al 8,2 por ciento en junio; se logró meter a 375 niños en jornada única; 10 mil jóvenes ganaron becas para estudiar en las mejores universidades del país, la mayoría privadas; se aprobaron Alianzas Público Privadas para construir 900 kilómetros de autopistas nuevas y se adjudicaron seis proyectos de la segunda ola de carreteras 4G; se aprobó una reforma de equilibrio de poderes que eliminó el Consejo Superior de la Judicatura, le quitó funciones politiqueras a las cortes y eliminó la reelección.

En particular, en el tema de la infraestructura hay avances sustanciales. Germán Vargas llegó a encabezar esta locomotora cuando ya los rieles estaban montados con la ley de APP o la estructuración de las carreteras de 4G. Pero en un año, que para proyectos de infraestructura es un tiempo relativamente corto, llegó a empujar los proyectos para lograr ejecución, y a identificar los obstáculos para eso, que ha ido atacando con decisiones como sacar adelante la Ley de Infraestructura (usando su gran capacidad para sacar leyes) o lograr el cierre financiero de los proyectos de 4G (con Mauricio Cárdenas).

Los logros del Gobierno son importantes. Pero la falta de un mensaje unificado que inspire y aglutine a los funcionarios pero también a los ciudadanos –que fue la nota que dominó el primer gobierno Santos- se mantuvo durante este primer año, a pesar de que esta vez el Presidente había sido elegido con el impulso del discurso de la paz.

A esto se unió, un revés en la economía producida por factores externos, que por primera vez durante este gobierno se convirtió en una de las principales preocupaciones de los colombianos como se revela en la encuesta Ipsos.

“Un año de cierre de una negociación de paz es siempre el más difícil. Más un año de elecciones que no hace sino dividir. Y a esto se le combinó que la economía se vino al piso porque uno de cada tres presos depende de la renta minero-energética.  Son los tres ingredientes de una tempestad perfecta”, dice la senadora Claudia López. “Pero el verdadero problema es que Santos subestima cada uno de estos efectos sobre la población y se la pasa con un discurso propagandístico que no tiene nada que ver con nuestra realidad cotidiana”.

La paz
La desaprobación a la gestión del Presidente logró récord históricos.
Durante esta legislatura, la Unidad Nacional perdió su disciplina.

Todos los consultados coinciden en que más allá de los logros en otros frentes, el Presidente Santos decidió este año –como lo prometió entre primera y segunda vuelta- jugarsela toda por la paz. Y que al poner todos los huevos en esa canasta, la suerte de su gobierno ha quedado amarrada, para bien o para mal a la Habana.

“Lo importante de este año es que el Presidente demostró que está dispuesto a tomar todos los riesgos por salvar el proceso de paz”, dice Héctor Riveros, ex columnista de La Silla.

Los riesgos que asumió fueron muchos y costosos políticamente.

El primero fue mantener los diálogos a pesar de la ruptura del cese unilateral por parte de las Farc y a pesar de tener a todas las encuestas en contra.

Incluso, en su momento más bajo de popularidad, anunció la suspensión de los bombardeos como una medida de reciprocidad al cese unilateral y como una forma de avanzar en el desescalamiento del conflicto armado.

En plena crisis del proceso, su jefe negociador Humberto de la Calle anunció que el gobierno estaba dispuesto a negociar un cese bilateral del fuego antes de firmar el Acuerdo Final como lo querían las Farc y además, renunció a la idea de que los máximos responsables de la guerrilla tuvieran que pagar cárcel antes de hacer política. Por último, se acabó la regla terminante que había imperado en la negociación de que nada estaba acordado hasta que todo esté acordado y se arrancaró un programa conjunto de desminado entre Farc y el Batallón de Desminado del Ejército.

Pero quizás lo más revelador de los costos que el Presidente está dispuesto a asumir para lograr la firma de un acuerdo en la Habana, es que Santos se dio la pela de cambiar a un ministro de Defensa que se había convertido en un opositor público y privado al proceso de paz por uno que venía de la mesa de negociación. 

Y sobre todo, de –en plena oleada terrorista de las Farc- cambiar a una parte de la cúpula militar para poner a un comandante del Ejército que si bien tiene una trayectoria militar destacada es visto dentro y afuera de las Fuerzas como un hombre más alineado con unas fuerzas militares para el posconflicto.

Hay otros frentes relacionados con la paz, que el Presidente Santos parece haber descuidado: el ministerio para el posconflicto está en coma desde que el general Naranjo renunció porque no logró encontrar un margen para actuar; las entidades relacionadas con la paz están entre las que más sufrieron un corte presupuestal como lo mostró La Silla; y quizás, el frente más preocupante, es que se ha hecho el de la vista gorda con los avales que partidos de la Unidad Nacional, especialmente el del Vicepresidente, han dado para las regionales de este octubre a candidatos cuestionados que perpetúan mafias en el Caribe.

En ese camino, como lo ha contado La Silla Caribe, el vargasllerismo hizo alianza con los Gnecco del Cesar, con los Cotes en el Magdalena y siguió apoyando al grupo que llevó al poder al cuestionado Kiko Gómez en La Guajira.

Aun con esos lunares, la negociación en la Habana sigue avanzando. Este año logró un acuerdo sobre la Comisión de la Verdad, que si llega a funcionar podría realmente romper el círculo vicioso del conflicto armado pues sinceraría la participación de sectores que hasta ahora han pasado de agache y le devolvería a las víctimas la verdad que tanto necesitan; también logró un acuerdo para comenzar a desminar, lo que le podría aliviar a miles de campesinos -si se expande la iniciativa- la vida cotidiana; y se consiguió acordar el desescalamiento del conflicto que en círculos bogotanos se rechaza pero que mejora sustancialmente la vida rural; y ahora con mesas paralelas para lograr encontrar una fórmula de justicia transicional que permita destrabar el punto más difícil de la negociación es posible que la firma del Acuerdo Final esté más cerca.

El Presidente Santos está confiado en que esto se lograra este año y que la popularidad de su gobierno tendrá un giro radical.

Quizás sea así, con lo cual este año sería el último percibido como malo de este gobierno. Pero quizás no, porque como dijo uno de los analistas consultados, el gobierno no ha logrado todavía ofrecer una visión de futuro a partir de la paz.  De pronto durante este segundo año…

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Dom, 2015-08-09 07:40

En resumen, la gestión de Santos es: mala, desafortunada, imprecisa, descuidada, ambigua, escasa, insulsa, incompleta, imperceptible, etc. No es que a JM Santos le interese la paz para Colombia, le interesa ganar el Nobel de paz y luego irse a una embajada en Europa. Por eso se la juega toda por la paz, para escribir su nombre en la historia. Claro que ya su nombre está escrito como uno de los peores gobiernos de la época.

Lun, 2015-08-10 13:49

Kathy, en efecto no lo dice, soy brutongo con el manejo semántico y sé que eso puede ocasionar confusiones, cambia la palabra " dice " por la palabra " escribe " es posible que así exprese mejor lo que quiero decir. Creo a que a Niki le está sucediendo algo parecido con el sentido de las palabras mal ubicadas en este artículo, ya que el resumen que escribe no es acorde con lo que ESCRIBE Juanita, parece que se confundio porque el título del artículo no coincide con lo escrito interiormente. Este artículo, es como decirle a la novia que es una brujita, pero con el contenido en el fondo que esa brujita se puede convertir en una bruja de proporciones inmensas.

Dom, 2015-08-09 19:55

No creo que ese sea el resumen de mi historia. Yo creo que a él sí le interesa lograr la paz. Si se gana el Nobel haciéndolo pues qué chévere, no?

Sáb, 2015-08-08 09:05

Q desafortunado sentir q un periodismo en pleno siglo 21 en un país donde la guerra ha sido el pan nuestro de cada día, asuma unas posiciones tan egoístas y en otras planas cuando d buscar La Paz se trata. Y uno esperaría estas posiciones dl periodismo tradicional enfocado en defender el estamento tradicional dl q ha comido y convivido con los actos d violencia tradicional x acción y/u omisión.

En las ultimas apariciones d Juanita, noto ciertas frases d escepticismo extremo influenciado por esa oposición q si saben como es influenciar para mal la opinión pública, y quien lo creyera, LSV siento q cae en en esa "mala educación". Un medio q nos dice q se da el lujo d no pautas políticas x el motivo q sea, se puede tambien dar el lujo d tomar una posición + proactiva y positiva x la Habana, q en ultimas es x el país, es x TODOS y para TODOS.

Nada d lo q vaya en pro d acabar el conflicto debería verse como negativo. Uno esperaría apoyo en especial el periodismo llamado independiente.

Sáb, 2015-08-08 12:59

Como no se está haciendo periodismo ideológico o político, visto desde un ángulo partidista, el artículo procura reunir los aspectos más importantes, por lo sobresaliente, del Gobierno presidido por SANTOS: los ires y venires de la Unidad Nacional; el espinoso tema de las negociaciones de paz con las FARC; las encuestas; las relaciones del Gobierno con el Congreso; el estilo de trabajo con su equipo y su controvertido o inexistente liderazgo; los logros y las lagunas de la gestión gubernamental. Todo eso en corto espacio es un asunto nada fácil. Asumir posiciones militantes impediría presentar los hechos en el contexto de una visión periodística imparcial. E incluso en las columnas y en los comentarios se debe ser cauteloso, precisamente para no incurrir en afirmaciones que puedan ser desdibujadas por la poca fuerza de las evidencias o la absoluta carencia de pruebas.

Dom, 2015-08-09 10:37

No sé cual es el tipo d temor d asumir posiciones "militantes" q van en pro dl país q somos todos.

-no creo en la línea recta absoluta d ningún tipo d posición x muy objetiva q sea; el momento crucial dl país amerita la intervención d todos Y esto se lo estamos dejando a Santis y Furibe, el uno con la oposición + mezquina q en mi corta vida he visto en política y el otro actuando + bien acorde a la emociones q esa oposición le impone. Es allí donde la llamada sociedad civil y entre ella el periodismo independiente puede tomar posiciones d apoyo paralelas a las dl otro "periodismo", q sin ningún pudor y abiertamente se la juegan x la continuidad d esta guerra, y así muy campantes siguen poniendo el ritmo a este proceso, decidiendo x nuestras vidas, mientras el resto debatimos aquí y en otros lados sobre cómo no perder la visión d imparcialidad periodística.

La firma d la Habana supera cualquier tipo d expectativa en infraestructura y económia dl país, . Es la apuesta suprema.

Sáb, 2015-08-08 11:25

Didundi,

Creo que el artículo es bastante claro -lo dice el primer párrafo- que si bien fue malo sembró las semillas de la paz con lo que seguramente podría ser el último. Creo que la apuesta de La Silla por el proceso de paz es total, pero eso no quiere decir que pierde su distancia crítica incluso frente al proceso. Creo que esa idea que es asumida por muchos medios de que como Santos le apuesta a la paz, en la que uno cree, uno debe ser totalmente acrítico con todo lo demás le hace mucho daño al gobierno, y en últimas a la democracia.

Sáb, 2015-08-08 11:42

Hola GMolano, ¿qué parte del escrito o de nuestro cubrimiento te da la impresión de que LSV no entiende la importancia del proceso de paz?

Vie, 2015-08-07 16:08

La línea de SANTOS, aún en sus actos de gobierno, no se aparta del pragmatismo. Como filosofía inherente al capitalismo, éste(el pragmatismo) aparenta no tener principios. Pero sí los hay. En efecto, SANTOS defiende y protege los más fuertes sectores empresariales, al tiempo que carece de una política social que se diferencie de la de URIBE y que en efecto fue ninguna. Es de resaltar en SANTOS, aparte de su política de paz, la ausencia de hechos que caracterizaron al gobierno URIBE, incluso institucionales, manifiestos en interferencia a la justicia, chuzadas a los opositores, el torcer la verdad para justificar propósitos indignos y la generación de un ambiente de dudosa credibilidad en lo relacionado con los crímenes de los paramilitares y los políticos que los promovieron o secundaron. SANTOS ha combatido a la guerrilla con el Ejército y la Policía. Ultimamente ha anunciado medidas contra la minería ilegal, pero la gestión de sus ministros de Minas y de Ambiente ha sido raquítica.

Vie, 2015-08-07 11:20

Juanita, lo que veo es que este gobierno parece más a una democracia, imperfecta como todo en la vida, en este gobierno malo que dice usted y sus consultados veo cosas buenas, los politicos que se pelean, se comportan como iguales y libres en la democracia eso es valido, es por ello que tienen sus diferencias abiertas y que la opinion publica lo han sabido porque los periodistas amarillistas hacen ver estas discuciones como malas, con ya sabemos que intereses. Me gusta de este gobierno, lo malo de el. Veo que el país está mucho mejor economicamente y eso los medios no lo recalcan tanto como las cosas malas y el gobierno no amenaza a los medios para que le ayuden. Es como si los medios extrañaran la monarquia que se vivio en el pasado. Claro que detras de eso existe la corrupción, eso es inevitable, pero más libertad si existe q con la moarquía de ya sabemos quien y que corruptos si que lo son.

Sáb, 2015-08-08 11:27

Gracias, Kathy.En efecto yo no he dicho que el Gobierno sea malo, digo que tuvo un año malo pero que sembró las semillas de algo muy bueno que podría estar por venir: la paz, las carreteras...

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