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Martes Octubre 26, 2021

 

 

La Sabana de Bogotá inundada el año pasado.
Foto: Ministerio del Medio Ambiente, Vivienda y Desarrollo Territorial.

 

Ahora que finalmente salió el sol, la ola invernal dejará de ser un tema. Pero la tragedia no ha cesado. Y ya que llegó el momento de asumir las consecuencias más profundas del invierno que azotó al país en el último año, no estaría demás aprender algo para evitar que se repita.

Juan Carlos Orrego comenzó a pensar en prevención de desastres hace veinte años cuando el tema era prácticamente desconocido en Colombia. Trabajó en el recién creado Programa de Prevención de Desastres de César Gaviria y nunca abandonó el tema. Ha sido especialista asociado y consultor del PNUD en gestión de riesgos y recuperación post desastres en América Latina y el Caribe y viaja por todo el continente identificando los riesgos que existen y las soluciones que se pueden implementar antes de que ocurran las tragedias. La Silla Vacía lo entrevistó sobre las lecciones que deja la ola invernal en Colombia.

La Silla Vacía: Usted dice que duda mucho de que Colombia esté aprendiendo la lección que debería con esta tragedia invernal. ¿De qué lección está hablando?

Juan Carlos Orrego: hay lecciones de carácter general a nivel del país y hay otras lecciones más locales. Pero en líneas generales, el país debería debatir sobre tres temas: por qué llegamos a este nivel de destrucción; si vamos a poder salir de este grado de afectación; y sobre qué puede esperar el país en términos de desastres a futuro.

LSV: Comencemos, entonces, con la primera pregunta. ¿Por qué llegamos a este punto? ¿Era evitable?

Orrego: Las verdaderas causas no han sido explicadas del todo. Es cierto que ha llovido mucho, pero eso para un país con la ubicación de Colombia y expuesto al fenómeno del Niño es un fenómeno factible y esperable que llueva de esta manera.

Juan Carlos Orrego es asesor de la OEA en prevención de desastres.

Entonces, ¿a qué obedece la tragedia?

A varias causas. En Colombia el sistema de ordenamiento del territorio a escala de los municipios ha funcionado muy mal porque los Planes de Ordenamiento Territorial nadie los respeta, o no se hacen bien. ¿Por qué se inunda el municipio de Mosquera? Porque un alcalde decide hacer cambios en el POT manipulando al Concejo para autorizar asentamientos humanos en zonas de inundación, en humedales. Lo mismo sucede con las curadurías urbanas que autorizan construir en humedales como ocurrió en Villa Jiménez en Montería y así por todo el país.

Hay muy poco control sobre el uso del suelo, porque quienes ordenan el territorio son muy vulnerables a presiones políticas y económicas.

¿O sea que con unos buenos POT habríamos evitado este nivel de daño?

Si, pero hay otros temas. Por ejemplo, nos confiamos mucho en lo diques y jarillones. Esas son soluciones que tienen unas exigencias técnicas y hay que hacerles mantenimiento o terminan siendo más peligrosas que el problema que querían solucionar.

¿Cómo así?

Si un dique no se hace con las suficientes consideraciones técnicas y no se le hace control y mantenimiento, la posibilidad de que se rompa y entre el agua con poder destructor hace que el riesgo sea mayor al que habría si no existiera ese dique. Además que previamente ha dado una falsa idea de seguridad, como el Canal del Dique en el departamento del Atlántico y el jarillón que causó a la inundación en la Universidad de la Sabana recientemente.

En otros casos, las intervenciones puntuales no sirven mucho si no se abordan las causas y no hay una visión regional. Es lo que sucede en el dique entre Nechí y Achí, sobre el río Cauca, que es de 80 kilómetros y actúa sobre la Mojana, que es una zona natural de inundación en Colombia.

Mi hipótesis es que buena parte del agua que no entró a la Mojana por el dique Nechi – Achi llevó más agua a la depresión momposina, inundando nuevas poblaciones. Además, muy posiblemente fue el factor que contribuyó a la ruptrua del Canal del Dique y a la crisis de las graves inundaciones en el Atlántico.

También hay un problema de erosión muy complicado. Las políticas de reforestación no funcionan.

¿A qué se debe la erosión?

A un problema de deforestación y ampliación de la frontera agrícola y minera. Cuando se desprotege la capa vegetal, grandes cantidades de tierra van a parar a los cauces de los ríos. Es como si tuvieran la cañería tapada. Parte del problema del río Bogotá es de sedimentación.

En Bogotá existen recursos desde 2007 para hacer el dragado del río Bogotá y no se hizo y las consecuencias se pagan ahora.

Y también hay un problema con las presas…

Las presas son básicamente un negocio de generación de energía pero no prestan el servicio de regulación de cauces que deberían. Un país debería hacer una reflexión sobre esto, porque se necesita un control de caudales. En el gobierno de Gaviria se reestructuró todo el negocio de energía y su negocio se volvió vender agua. Entonces mantienen las presas al tope.

Existía una Comisión de Presas que debatía pronósticos de inundaciones y una política de manejo de presas pero ya no existe. Esto fue lo que pasó en Urrá. En diciembre, que se inundó Montería, le avisaron a la corporación autónoma regional de allá que iban a soltar agua con solo dos horas de anticipación. Es un manejo poco previsivo de cómo se iba a manejar la hídrica de la empresa.

Todas estas razones son las que nos tienen en este punto. Pero ya en concreto frente a la atención de la emergencia, ¿cómo evalúa la reacción del gobierno de Santos?

Este gobierno ha comprometido muchos recursos en la rehabilitación y reconstrucción y tiene voluntad de acertar, pero no estoy seguro de que tenga la información adecuada para tomar decisiones. Me parece que en este tema no están hablando los técnicos, sino solo los politicos.

Es necesario reaccionar frente a la actitud de gobiernos anteriores que ha sido poco responsable frente al tema. La visión microgerencial ha hecho daño. El Sistema Nacional de Prevención de Desastres hace algunos años era reconocido en América Latina por su estructura, estaba concebido para que alcaldes y gobernadores fueran los que dieran la cara. Pero durante los gobiernos de Pastrana y de Uribe, el Sistema se redujo a la parte asistencialista más básica y centralista, a atender emergencias, repartiendo mercados y frazadas.

Esto rompió con el esquema de lo que debía ser el Sistema.

¿De qué manera?

En primer lugar, porque se sustituyó el papel de los gobernadores y alcaldes que debían liderar la reducción de riesgos, la atención y la recuperación.

En segundo lugar, el Sistema Nacional de Prevención estaba diseñado para distribuir responsabilidades entre los ministerios y para que se coordinaran cabalmente programas de trabajo en prevención de riesgos y atención de emergencias cada uno trabajando desde su ámbito de competencia, algo que dejaron de hacer la gran mayoría de ellos y por eso llegamos a este nivel de riesgo.

Una muestra de esta falta de responsabilidad de los sectores del desarrollo con los desastres se observó cuando se comenzó a formular el Plan Nacional de Desarrollo del gobierno de Santos: algunos niveles medios de la administración querían dejar solo cinco párrafos sobre la gestión de riesgos. Sólo la ocurrencia de la tragedia ambiental y la instrucción del alto gobierno llevó a que se dijeran cosas más serias y se conformara el capítulo VI de Plan de Desarrollo denominado Sostenibilidad ambiental y prevención del riesgo.

¿Cuáles fueron los incentivos para que el Sistema de Prevención de Desastres se concentrara en repartir mercados?

Es lo más visible. Alguien lo debe hacer porque es importante, pero debe poder hacerse sin dejar de trabajar en la prevención. Concentrarse en el reparto de ayudas desde lo nacional es una estrategia que tiene visibilidad y aceptación popular, pero que desinstitucionaliza y es ineficiente. La tradición en los últimos años es que la Dirección de Gestión de Riesgos del Ministerio del Interior dedicaba su tiempo a atender desastres puntuales, cuando era mas importante que garantizara que los alcaldes hicieran su tarea y contaran con herramientas adecuadas para distribuir responsabilidades nacionales y gerenciar la reducción de riesgos y la respuesta. 

Frente a las actuales inundaciones, la Dirección de Gestión de Riesgos debía estar haciendo el Plan Nacional de Acciones Específicas para la Recuperación y haciendo que el país se preparara para la primera temporada invernal del 2011 que se veía crítica.  En realidad, después de la tragedia invernal ha estado concentrada en el reparto de ayudas. Mientras tanto, cada ministro viendo qué hacer sin una coordinación interinstitucional efectiva.

¿Le cree a las cifras de damnificados de esta tragedia?

No le creo. Las cifras tienen un problema y es que el gobierno tiene un sistema de entrada datos pero no de descarga de datos. Entonces, una familia de cinco personas que entró en marzo de 2010 cuando la primera ola invernal y que luego volvió a recibir ayudas en diciembre la cuentan por dos. En el manejo de desastres es clave manejar información precisa: saber dónde están los damnificados, quiénes son con nombre y apellido, qué necesitan.

Más allá de las cifras, ¿tiene sentido haber aplicado el mismo modelo que usaron cuando el terremoto del Eje Cafetero?

El modelo del Forec, que se aplicó al terremoto del Eje Cafetero, no se podía aplicar a los 710 municipios afectados por esta ola invernal como se quiso hacer. Además, querían crear otros comités diferentes a los comités departamentales de desastres, que ya tenían la experiencia. Al final, tuvieron que montarlos de nuevo.

El gran problema es que no hay un plan de recuperación. La ayuda está llegando de acuerdo a las solicitudes de alcaldes y gobernadores, pero no está enmarcada en un Plan de Recuperación y tampoco está pensada en el marco del plan de Desarrollo ni en los planes municipales.

¿Por qué no se hizo así si parece tan obvio?

Por falta de visión y de responsabilidad. En las emergencias, la propensión a irse por los mercados es muy fuerte. Otra gente tiene que planear la recuperación. En el gobierno estaban confiados en el Registro Único de Damnificados elaborado por el Sena. Pero aún no está y tendrá alcances limitados.

¿No se supone que el ex presidente de Bancolombia está planeando la recuperación?

Tengo mis reservas, entiendo que están definiendo la estructura de la organización de la gerencia y el DNP avanza en el plan de recuperación, pero se han dejado pasar meses críticos y se sigue gastando dinero sin que las líneas de política de la recuperación aparezcan.

La experiencia de empresarios a cargo de procesos de recuperación en América Latina ha sido de extremos. Con Villegas en el FOREC nos fue bien, en Perú con el terremoto de 2007 y con un empresario a la cabeza del FORSUR, Julio Favre, la experiencia fue lamentable. Ojalá esta sea positiva, pero hay que estar atentos.

¿En qué consiste la recuperación?

Es la recuperación física de las escuelas, de las viviendas, pero también la recuperación del proyecto de vida. El gran problema es cuando se acabe el invierno, para la gente más pobre será más difícil recuperarse por la invisibilidad que tendrán. Muchos de los afectados son pescadores. ¿Quién está pensando en cómo recuperar la forma de vida de los pescadores?

Pero dada la magnitud de la tragedia y que sigue lloviendo, ¿es posible hacer algo?

Claro. Se pueden generar programas inmediatos de empleo, lo que llaman ‘cash for work’. En los desastres con frecuencia el problema de falta de efectivo es muy grande. Uno puede contratar a los mismos damnificados para que saquen el barro o reparen viviendas a cambio de efectivo. Los microcréditos funcionan bien en el post-desastre. Si no se piensa de una vez en cómo recuperar los proyectos de vida, en dos años ya no se va a hacer.

¿Qué es lo que este gobierno ha hecho mejor en el manejo de esta tragedia?

Es positivo que el gobierno haya mostrado interés, que ha comprometido recursos y que le paren bolas al asunto. Parece obvio pero no lo es. Es positivo que hay un involucramiento significativo de los alcaldes y gobernadores.

¿Y qué es lo peor?

Me preocupa que se cometió un error al haber querido cambiar la institucionalidad de prevención de desastres en lugar de corregir sus errores y fortalecerla. Se creó la gerencia del Fondo de Colombia Humanitaria cuando se debió más bien fortalecer la Dirección de Gestión de Riesgos y a todo el Sistema Nacional para la Prevención y Atención de Desastres. En su momento esto generó un problema porque los comités de desastres decían, a quién le hacemos caso, pero después el daño mayor es que le restó autoridad y poder a la Dirección de Gestión de Riesgos como cabeza del Sistema Nacional de Prevención.

No ha existido un proceso de planificación de la emergencia y de la atención desde lo nacional. El país ha debido tener un Plan de Acciones Específico en diciembre pasado y no lo tiene.

¿Cuáles son los escenarios que vislumbra para esta tragedia?

Me preocupa que lo que termine pasando es que la gente realmente afectada no le crea mucho al proceso de recuperación y tan pronto llegue el verano vuelvan a sus condiciones de vida salvo en sitios invivibles como Gramalote, pero empezarán desde más abajo.

¿Qué pasa cuando no se hace un plan de recuperación?

El tema de la pobreza y la miseria se agudizan. Hay evidencia, por ejemplo, que el problema de las maras en Centroamérica, sobre todo en Honduras, se disparó a raíz de la crisis del Huracán Mitch, 2008.

¿Cómo fue esa relación entre la tragedia y estas peligrosas pandillas?

Son desastres que pegan tan duro que acaban con empleos y parte de nuestra crisis es que quienes terminan decidiendo son los bancos.

¿Qué tienen que ver los bancos con esto?

En la recuperación después de un desastre los bancos de desarrollo juegan un rol fundamental porque son los que tienen los créditos. Pero ellos le cargan a la infraestructura porque es lo que saben hacer y dejan de lado el tema de desarrollo en términos de recuperación de actividades productivas, la recuperación socioafectiva, del capital social.

¿Pero los bancos no prestan la plata para lo que diga el gobierno?

Se supone que los bancos ayudan a identificar necesidades financieras de recuperación pero al final terminan diciendo cuáles son. El riesgo es que se convierta en tema de desarrollo orientado exclusivamente hacia la infraestructura y todo el tema de desarrollo social quede rezagado.

¿Y cuáles son los riesgos en el proceso de recuperación? 

En los desastres hay muchos perdedores y algunos ganadores. Hay que estar atentos y vigilantes con los que se quieren beneficiar a punta de corrupción en la escala municipal, nuestro país es muy vulnerable a eso.  En los procesos postdesastres en América Latina la inversión preferida ha estado en infraestructura, mucha de la cual se ha prestado para corrupción. En eso el ciclo ha sido perverso, el costo de la corrupción se ha pagado disminuyendo la calidad de las obras, generando nuevas condiciones de riesgo. Es un cuento sin fin.

Y entonces, ¿qué puede esperar el país en téminos de desastres a futuro?

Tenemos condiciones de riesgo creadas que nos deben obligar a ser mas cuidadosos que el resto de lationamericanos con este tema. En Tumaco, por ejemplo, tenemos más de 100 mil personas que enfrentan el riesgo de un tsunami, tenemos el riesgo de terremoto en ciudades grandes y cerca de 80 municipios que tienen condiciones para un desastre grave.

Tal vez los colombianos sentimos que tenemos suficiente con los problemas de seguridad, desempleo y no queremos ver nuestros problemas de riesgos de desastres.

En realidad, es mejor que hablemos ahora de los desastres, sus causas y como enfrentarlos, porqué sera muy difícil tener el país que queremos sin tomarnos en serio el desafío del manejo de nuestros riesgos.

Comentarios - Cada usuario tiene la posibilidad de incluir solo tres comentarios
Vie, 2011-06-24 22:29

Gracias Larana por tu aporte, muy importante la visión desde lo que cada uno podemos hacer.

Jue, 2011-06-23 14:49

Gracias, Kathy, de vez en cuando se puede dar uno estas licencias.

Jue, 2011-06-23 05:17

Va mi cuarto intento para comentar, pues me sale un mensaje que me dice no estar autorizada para ello cuando lo envío:
Juanita, que reportaje tan lúcido. Tan lúcido que produce gran desesperanza, al comprobarse que no se realizan las acciones encaminadas a la adecuada prevención y recuperación de desastres, en especial respecto del factor humano, que son las personas, niños, mujeres, hombres, ancianos, qienes no tienen por qué padecer el afan de lucro de tantos y es la columna principal de preocupación del señor Orrego. Acciones que un Estado a través de sus gobernantes deberían tener la capacidad y voluntad para buscar el bienestar general y la sociedad para creerlo y exigirlo, pero en eso tampoco nos movilizamos. Y así seguimos en la tragedia.

Mié, 2011-06-22 17:18

...y después dicen que el gobierno de Uribe no fue un desastre...

Mié, 2011-06-22 17:54

Pero al menos pudimos viajar por carretera

Jue, 2011-06-23 11:11

Pues claro don Antoine, entienda el sarcasmo por favor.

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