Menú principal

Domingo Julio 03, 2022

El alcalde de Bogotá Gustavo Petro propuso hace dos semanas que en el Distrito no invierta dineros públicos en más corridas de toros, y desde entonces se abrió un debate público sobre este tipo de espectáculos. La Silla Vacía pidió a Andrea Padilla, líder del movimiento animalista, y Luis Guillermo Vélez, exbloguer y aficionado taurino, sus argumentos a favor y en contra de las corridas de toros. El debate está abierto.

 

Tanto se ha dicho y escrito a favor y en contra de las corridas de toros y espectáculos semejantes, que no resulta fácil escribir algo nuevo que aporte al debate y contribuya, de algún modo, a la eliminación definitiva de prácticas que vulneran la vida de los animales y denigran a la misma humanidad.

Por parte de los taurinos (toreros, aficionados, ganaderos y empresarios) se escuchan argumentos vergonzosos como los que ligan religión y tauromaquia –razón de más para entender por qué la iglesia dejó hace tiempo de ser un referente moral en Occidente-; otros esnobistas y arrogantes como los que pretenden erigir la matanza de animales al nivel del arte –nombre que en la modernidad se le da cualquier cosa-; el más común que apela a la tradición –godo argumento que condena al inmovilismo-; o el que haría de los taurinos, según ellos mismos, verdaderos filántropos por dar a los toros ‘una muerte digna en la batalla’, a diferencia de la muerte infame y en cadena a la que son sometidos los demás animales.

Recientemente se han puesto de moda, además, las que apelan a la necesidad de mantener las corridas de toros para construir hospitales para pobres –perversa lógica que da valor a la vida de unos y aniquila literalmente la de otros–, o al altruismo innato de los taurinos por ayudar a preservar una raza inventada por ellos mismos para su propio divertimento cruel. ¡Ahora resulta que son ambientalistas!

De parte de quienes defendemos a los animales y reivindicamos el derecho que nos asiste a todos los seres sintientes de vivir y morir dignamente –no la dignidad de la muerte de la que hablan los taurinos en sus masacres disfrazadas con discursos sobre batallas y combates, sino la de verdad, la que todos los mortales comprendemos cuando hablamos de la vida–, también escuchamos una diversidad de razones que, a diferencia del variopinto espectro argumental de los defensores de su fiesta, concluyen, al final, en una sola, contundente y suficiente por  su misma obviedad.

La razón a la que hago referencia no es otra que la sintiencia (sentience) del toro: la capacidad que comparte con todos los seres vivos, dotados de un sistema nervioso, de experimentar placer, dolor y sufrimiento y que lo hace sujeto de consideración moral.

Ante esta aseveración suelen decir los taurinos: ‘ya vienen los antitaurinos con su sensiblería’. Ojalá todos los ciudadanos del mundo fuéramos sensibles cuando de respetar la vida se tratara.

Apelando a nuestra cordura y humanidad, esta razón debería ser suficiente para reconocer que la ética y los límites que ella impone a cualquier actividad humana -más aun cuando es la vida de otro ser sintiente la que está en juego sin su voluntad- se impone como argumento a las justificaciones espurias y arrogantes de quienes quieren su fiesta a toda costa, alegando libertades y derechos absolutos sobre el resto de las criaturas o banalizando la discusión a una mera cuestión de gustos particulares y repugnancias íntimas.

Ni siquiera el arte –concedámosle este rotulo a las masacres taurinas- está eximido de responsabilidades éticas. ¿O es que acaso un artista tiene derecho a torturar a un animal salvaguardándose en su supuesta ‘inmunidad artística’?

Es más, consintamos que en el arte es legítimo realizar cualquier fantasía por perversa, violenta o controversial que resulte, mientras se trate de una representación. Pero lo que sucede en el ruedo no es una representación: son seis toros que mueren ahogados en su propia sangre tras ser torturados, envilecidos, al clamor de una tonta muchedumbre cada vez más distante de su propia humanidad compasiva.

Admito que dejar de torturar animales quizás coarte la libertad de los taurinos de pasar una tarde de domingo en la Plaza de Toros rodeados de gente linda y con clase, pero a pesar de este argumento, tan de peso, la vida de un animal –y de cualquier ser vivo- siempre valdrá más.

La ética es sólo una. No es una opción personal, es un imperativo vinculante. Por ello, el respeto a la vida de los animales y de los más vulnerables será siempre el termómetro que mida cómo se plantea la ética una sociedad.

 

 

Ha empezado nuevamente la temporada taurina y ésta, coincidiendo con la inauguración de nuevos gobiernos locales, ha recibido las críticas y los aplausos propios de una actividad que nunca ha dejado de ser polémica. Esto es normal y entendible: este tipo de discusiones son precisamente las que ocurren en una democracia.

Sin embargo, lo que llama la atención es la confusión conceptual acerca de muchos de los elementos de la discusión, que en vez de enriquecer lo que debería ser un debate argumentativo lo distorsionan al favorecer interpretaciones sentimentales y efectistas.

Lo primero sería aclarar que en Colombia impera, por lo menos desde 1989, el concepto del bienestar animal  (animal welfare) que en resumidas cuentas establece que los animales son seres sintientes que deben ser tratados considerando su bienestar físico y psicológico.

¿Quiere esto decir que los animales tienen derechos? No. Los seres humanos tenemos deberes sobre los animales, por ejemplo de criarlos sin maltratos y de sacrificarlos sin un sufrimiento excesivo, pero ellos no tienen derechos. El tema es muy simple: si tuvieran derechos tendrían derecho al derecho fundamental por excelencia, el derecho a la vida. Y no lo tienen. ¿Tiene derecho el zancudo a que no lo aplasten de una palmada? No. ¿Tiene derecho el pollo a que no lo rosticen? No. ¿Tiene derecho el atún a que no se lo coman crudo en un sushi? No.

No existe ninguna constitución en el mundo que prohíba el sacrificio de animales para volverlos hamburguesas, jamón, sushi, zapatos, chaquetas, sillas y lo que se quieran imaginar, hasta comida para otros animales.

Segundo, que el bienestar animal en Colombia, como lo dijo la Corte Constitucional en la sentencia C-666/10, tiene excepciones. Estas pueden ser  de carácter cultural, religioso o científico. En otras palabras, no solamente podemos los colombianos matar animales para aprovecharlos sino que la Constitución Nacional nos permite hacerlo de manera cruel,  tratándose de espectáculos con arraigo cultural, como las corridas de toros, o si se trata de actos de carácter religioso o de un experimento científico.

O sea que el problema de las corridas no es constitucional, como tampoco resulta un problema legal. El reglamento taurino nacional  es una norma clarísima en su contenido, llegando inclusive a obligar a las autoridades locales donde existen plazas permanentes, como Bogotá por ejemplo, a cumplir lo que en él se consigna.

Por lo tanto, estamos realmente frente a un tema netamente político, o  de política pública, si se quiere, que en últimas se sustenta en una apreciación moral subjetiva.  Las autoridades locales que se oponen a las corridas de toros lo hacen porque sencillamente no les gustan. Así de simple. No porque sea un tema de derechos de los animales, que no los tienen, o por un tema de bienestar animal, que la constitución colombiana exceptúa, o por un tema legal, que lo permite ampliamente.

Ahora bien, las decisiones políticas valen, así sean por definición, subjetivas y coyunturales. De hecho en la misma semana en la que el alcalde de Bogotá anunció su voluntad de suspender el patrocinio de la plaza de toros por parte de empresas distritales extendió el plazo para prohibir el tránsito de vehículos de tracción animal.

Entendida esta como una decisión política no hay contradicción alguna. Resulta para la actual administración distrital inaceptable la tortura de un toro de lidia durante quince minutos para desarrollar “una expresión artística del ser humano” (así es como define la ley colombiana la tauromaquia)  pero tolerable la tortura durante años de un caballo que tira de una pesada carreta en medio del caos vial bogotano.

En otras palabras, a los poderes distritales les parecen mal las corridas de toros y bien (por lo menos durante un rato que hasta ahora es indefinido) las zorras en las calles. Apreciación que por demás –y en esto quiero ser reiterativo- es absolutamente legítima y corresponde al privilegio propio de una autoridad administrativa, que se coloca con esta decisión exclusivamente en el terreno de las responsabilidades políticas, más no constitucionales, legales o humanitarias, las cuales permitirían cualquier tipo de posición.

Para finalizar algo sobre la decadencia de las corridas de toros.  Ya sobre este tema se había referido Ernest Hemingway por allá en 1925, lamentando la decisión de Primo de Rivera de ponerle aperos a los caballos: “Decadencia es una palabra difícil de usar porque se ha vuelto poco más que un término abusado por los críticos de las cosas que no entienden o que parecerían diferir de sus conceptos morales”.

Como siempre Papa Hemingway dando en el clavo de la naturaleza humana.

El autor reitera que las anteriores opiniones son enteramente de carácter personal y que no comprometen de manera alguna la entidad pública que representa.

 
 
Comentarios - Cada usuario tiene la posibilidad de incluir solo tres comentarios
Mar, 2012-01-31 04:29

Ninguna de las dos partes de mi alegato es idea propia, así que llame "ridículos" a 1) los expertos en la tauromaquia, que son quienes explican lo del simbolismo del toro, el torero con coleta y el drama, y a 2) los sicólogos por lo demás. Lo que hice fue limitarme a divulgar ambas cosas. La próxima vez primero investigue, y luego sí pase a evaluar.

Lun, 2012-01-30 10:20

no sé por qué pide perdón, si en el fondo su argumento suena a una homofobia "latente". Lo que ud dice es interesante, se refleja en la famosa Carmen, pero sí termina sonando a homofobia. Qué dice Freud sobre eso?

Lun, 2012-01-30 12:05

No fobia sino cautela y desconfianza ante lo grotesco y lo incongruente, y no sé que pueda haber dicho nadie sobre eso. Gracias por el dato operático. Se pedía perdón a los que se podían molestar por un par de términos un poco fuertes.

Lun, 2012-01-30 07:46

Nadie ha expuesto todavía el análisis de la sicología profunda, basado en el simbolismo de ese espectáculo. El toro representa al varón y el torero a la mujer --por eso lleva una coleta--, que se burla del toro hasta destruirlo. Es el mito de la "femme fatale". Que el torero se disfrace de mujer, hasta el punto de exhibir los glúteos pública y descaradamente, contoneándose de manera amanerada, revela el secreto que se oculta en todo este asunto: lo que llaman en la sicología el "homosexualismo latente", o sea, que permanece en el inconsciente sin ser reconocido.

En el caso de las mujeres basta con decir que se solazan viendo a un varón disfrazado de mujer, o sea, lo que van a ver es a una mujer toreando y ahí lo que hay es un lesbianismo latente. En una consejería sicológica dirían a toda esa partida de maricones y mariconas (con perdón) solapados que exploren su tendencias latentes.

Freud demostró el bisexualismo de la mente humana, y en la infancia se atraviesa por (...)

Lun, 2012-01-30 03:25

Las corridas de toros son algo totalmente retrógrado, anacrónico... muchos de los que asisten a tales eventos son personas que nunca en la vida han tenido una mascota y son de los que dicen "es que los animales no sienten y no piensan". Me molesta que a eso le llamen "arte" aún sabiendo que el concepto de arte es bastante subjetivo. Llamen artista a aquel que dedica su vida a escribir libros, pintar, tocar un instrumento, componer... no a alguien que dedica su vida a matar toros. No me gustan para nada las corridas pero debo aceptar que es un tema bastante profundo y complicado que a decir verdad ni tengo argumentos, solo mi opinión.

Dom, 2012-01-29 20:51

Es una pelea politica entre los uribistas que son la mayoria que van a toros y Petro

Dom, 2012-01-29 20:55

Como toda la filosofia, ese libro debe ser una basura plena de fantasias brumosas, abducciones, sofismas, retorica, especulaciones ociosas, sin sustentos de realidad y profundamente contemplativo y platonico. Apelando a la conciencia del sujeto objetivado y superuranico.

Lun, 2012-01-30 15:28

Pues toda esa filosofia basura de finales del siglo XIX, todo el XX y el XXI. Heidegger, Kierkegaard y toda esa batahola de filosofos de salon.

Dom, 2012-01-29 20:09

Me quedo con el filósofo Nietzsche y con la imagen de ese gran pensador abrazando a un caballo y llorando por éste, después de que el amo había golpeado al animal.

Lun, 2012-01-30 16:24

La muerte de un toro masacrado en una plaza, es igual que la muerte de cualquier otro ser. No más crueldad, no más egoísmo, no más satisfacer unas pocas mentes enfermas y sádicas.

Dom, 2012-01-29 19:43

Que los vegetarianos opinen, que lo hagan los Jainistas. Pero estos colombianos sedientos por sangre y carne en todas sus formas parece gracioso.

Los toros se deberían acabar por que la gente deje de ir a toros; como paso con los hipodromos en Colombia, no por que un alcalde que fue guerrillero y que bajo su doctrina anterior, si era ético y moralmente aceptable matar enemigos. Populismo y Demagogia.

Antitaurinos son mayoria! hagan valer la voz del pueblo, hagan un referendo, impulsen una ley, cambien la constitución.

Su defensa del toro de lidia lo condenara a muerte, lo volverán un animal de Zoológico, encerrado y en extinción.

Les dejo un escrito de Mario Vargas Llosa sobre los toros.

http://www.elpais.com/articulo/opinion/Torear/otras/maldades/elpepiopi/2...

Lun, 2012-01-30 16:26

Ya conocemos las barrabasadas que escribe el señor mario vargas llosa. Un sádico más.

Lun, 2012-01-30 06:34

Toco, otra vez, recordar el artículo de Ziegler sobre la "extinción" del Toro de Lidia.

"Y todo ello suponiendo que sin las corridas el toro bravo estaría condenado a la extinción, lo cual es otra mentira: según el ministerio del medio ambiente español, 'el toro de lidia es una estirpe protegida en el catálogo oficial como raza autóctona, circunstancia que obliga a su fomento y protección por parte de las administraciones'."

Fuente: http://www.elespectador.com/impreso/opinion/columna-322815-oreja-y-rabo-...

Y ese recurso a falacias ad-hominem para atacar de esa manera a la especie humana, carece de sentido. Así se sea Jainista, Budista, Musulman, Judío, Cristiano... lo que importa es tener una conciencia acerca de acabar con las corridas de toros por encima que también tratar de atacar el pasado guerrillero de alguien.

En fin, otro sin coherencia para tratar de defender las corridas. Al igual que Vargas Llosa. Error comparar la alimentación con el espectáculo del sadismo.

Dom, 2012-01-29 19:46

Que Petro adopte un toro de lidia y lo lleve al Palacio de Lievano.

Lun, 2012-01-30 16:30

De acuerdo, a callar ignorantes taurinos

Dom, 2012-01-29 19:00

Se le abona a Luis Guillermo Vélez que al menos de manera tácita acepta que al toro de lidia se le tortura en la plaza, ya que muchos otros taurófilos ni siquiera aceptan eso incluso llegando a decir casi que los toros de lidia deberían agradecer que se los torée en la plaza... y Vélez para justificar la tortura al toro dice que los animales no tienen derechos o si no, por ejemplo, no podríamos matarlos para comerlos, en lo cual acierta (y difícilmente podríamos pedir que se acabe el uso de animales para la alimentación, aunque si deberíamos evitar torturarlos durante su vida), pero se contradice ya que dice que desde al menos 1989 en Colombia impera el concepto de bienestar animal por lo cual los animales deben ser tratados considerando su bienestar físico y psicológico (y dice explícitamente que no debemos maltratar a los animales), y obviamente ese no es compatible con torturarlos asi sea por unos minutos en una plaza...

Dom, 2012-01-29 19:01

para salirse por la tangente de esa contradicción, o descargarla en otro, dice que la Corte Constitucional aceptó que hay excepciones, que pueden ser culturales, religiosas o científicas, es decir que por cultura, religión o ciencia el humano puede libremente maltratar animales... según eso la Constitución colombiana nos permite torturar animales y la contradicción no es de Vélez sino de la Corte Constitucional... y tan acepta que en la tauromaquia se tortura a los toros que nos hace caer en cuenta de una contradicción de Petro que va en contra de la tortura del toro, pero se hace el de la vista gorda ante la tortura de los caballos de las "zorras"... y si la Corte Constitucional cree que es permitido torturar animales en ciertas circunstancias, pues debería reconsiderar tal salvajada, incluso si es por razones científicas, pero sobre todo si es por "razones" de cultura o religión...

Páginas

Añadir nuevo comentario