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Sábado Octubre 23, 2021

La representación del actual vicepresidente, Angelino Garzón, ha sido de las más accidentadas y polémicas del cuerpo de funcionarios del actual gobierno. Este es el recorrido de un vicepresidente con más protagonismo que muchos de sus antecesores.

La fórmula de campaña

Desde el acuerdo en la campaña electoral que hizo posible la emblemática “Unidad Nacional”, Garzón se perfiló como el símbolo de una candidatura incluyente, que buscaría tender puentes con muchos sectores del país, sobre todo con los sociales.

La formula Garzón – Santos fue interpretada como la unión de sectores de centro derecha e izquierda -a pesar de que Angelino no ingresó al Partido de la U. Sin embargo, su designación no fue bien recibida por todos, incluso algunos sectores sindicales lo señalaron por ser cercano a Álvaro Uribe.

El vice en ejercicio

Durante el gobierno, se han evidenciado hondas contradicciones políticas entre Santos y Garzón; en más de cuatro ocasiones el Presidente le ha llamado la atención sobre declaraciones en torno a complejos problemas de la sociedad colombiana. Las posturas de Santos, más hacia el centro derecha que las de Angelino, han afectado la capacidad de acción de este último en las carteras que han sido desde hace más de una década delegadas en el vicepresidente, especialmente la de derechos humanos y lucha contra la corrupción; desde su posesión el Presidente asumió la agenda contra la corrupción y el Programa Presidencial de Derechos Humanos se paralizó por la falta de un director titular.

Los organismos como el Programa Presidencial para los Derechos Humanos y el de lucha contra la corrupción han perdido protagonismo y liderazgo estructural en sus temas e incidencia en las decisiones de Estado, así como su relacionamiento con los organismos internacionales y de la sociedad civil y han encontrado mayor liderazgo en organismos como el Ministerio del Interior y la Cancillería. Se han trasladado a organismos como la Unidad Nacional de Defensa del Estado temas como los casos ante los organismos internacionales de derechos humanos y particularmente ante el Sistema Interamericano a pesar de ser el Vicepresidente quien lidera la Comisión Intersectorial permanente de derechos humanos.

El apoyo permanente del Vicepresidente al gobierno de Uribe desde su designación como Embajador ante la ONU y en el propio gobierno de Santos, en lugar de dar claridad genera ambivalencia, por su responsabilidad frente a la agenda de derechos humanos, así como la polarización existente entre los mandatarios - Santos y Uribe – y la posibilidad de futuras candidaturas de Santos y Garzón y la incidencia del Ex Presidente, que a la postre poco ayudan a la estrategia de la Unidad Nacional.

La postulación del Vicepresidente a la Dirección de la Organización Internacional del Trabajo fue interpretada como una forma de aislarlo de los grandes debates nacionales y evitar los enfrentamientos con el Presidente Santos.

Una decisión de esa naturaleza conllevaba un alto riesgo político con la potencialidad de marginarlo de la esfera política a mediano y largo plazo. Diversas variables estaban en su contra: la falta de apoyo de las principales centrales obreras de Estados Unidos y Europa que con el apoyo de organizaciones internacionales y nacionales de derechos humanos lograron paralizar por un buen tiempo la firma del tratado de libre comercio con Estados Unidos y la Comunidad Económica Europea; y el apoyo de la dirigencia sindical colombiana al candidato francés, la remota posibilidad que el representante chileno fuera remplazado por otro del mismo hemisferio; y el hecho nada despreciable de que Colombia es considerado uno de los países más peligrosos para el ejercicio de los derechos sindicales.

Se complica su salud

Los problemas de salud del vicepresidente no parecen afortunados tampoco para su salud política. Diversos sectores han aprovechado su ausencia para liderar iniciativas para que se elimine la figura en la Constitución, con un tinte soterrado parecido a la reforma a la justicia.

Sin embargo la función del vicepresidente es fundamental, más si se trata de quien defiende las políticas de derechos humanos el más alto nivel dentro de la estructura del Estado. La ausencia del actual vicepresidente puede representar un vacío en la agenda política, por las implicaciones de su significado en la denominada unidad nacional y por el equilibrio político que puede dar al gabinete presidencial. Sus últimos pronunciamientos respecto del salario mínimo, el conflicto indígena, y las pensiones, entre otros, pueden ser un punto de quiebre a su gestión en derechos humanos; un debate que requieren la protección y garantía de derechos como el de la educación, justicia y salud. 

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