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Miércoles Octubre 20, 2021

Colombia Civil

Después de la barbarie del conflicto armado, hay que reconstruir un horizonte de civilidad.

Profesor Asociado del Departamento de Sociología de la Universidad Nacional de Colombia, Sede Bogotá. Se desempeña actualmente como director del Centro de Estudios Sociales. Es también Faculty Fellow del Center for Cultural Sociology en Yale University y Fellow del Indo-Pacific Governance Research Centre de la University of Adelaide.

Sus intereses se enfocan principalmente en la sociología cultural, la sociología económica, y en particular sobre las relaciones entre sociedad civil y mercado, así como en la sociología cultural de la violencia. Sus publicaciones más recientes incluyen un libro publicado en 2012 en Nueva York con Palgrave-Macmillan sobre la influencia de la cultura sobre el funcionamiento de las instituciones monetarias (Central Bank Independence: Cultural Codes and Symbolic Performance) y otro libro editado por él que saldrá en 2015 con Harvard University y con la Universidad Nacional de Colombia sobre el papel de las prácticas creativas en las políticas públicas (Cultural Agents Reloaded: The Legacy of Antanas Mockus)

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Por: Casa de las Estrategias.

 

Ciclistas reconocidos que ganaron vueltas a Colombia y Europa, el avión presidencial del expresidente Samper, un actor que hizo el papel de Simón Bolívar en una telenovela, hijos de funcionarios públicos importantes, estudiantes, modelos, señoras de edad, niños, entre otros; fueron algunos de los casos de capturados en Estados Unidos y Europa provenientes de Colombia cargados con heroína.

 

El origen

Desde 1972 se ha detectado la siembra de semillas de amapola en Colombia, sin embargo, no es sino hasta 1988 que los cultivos de esta flor empiezan a generalizarse en el occidente del país cuando el Frente XXI de las FARC la trae desde África. El proceso de siembra se dio, en un principio, mezclado entre los cafetales, luego, con la creciente oportunidad de obtener ganancias producto de la elaboración del opio (insumo principal de la producción de morfina y heroína), se empiezan a contactar a los agricultores, que estaban para la época con grandes deudas con la Caja Agraria, para que sembraran esta flor,  desencadenando en un rápido esparcimiento de los cultivos de amapola al suroccidente del país entre finales de los 80 y principios de los 90. Principalmente en los departamentos de Huila, Tolima y Valle del Cauca.

Al iniciar la década de los 90, los ojos de las autoridades estaban específicamente en los cultivos de hoja de coca, con crecientes carteles de tráfico que entre guerras violentas se disputaban el control de cultivos y rutas de tráfico. No obstante, la demanda de heroína en Estados Unidos empezaba a crecer significativamente sin que advirtiera la magnitud del problema. Para 1991, se incauta un cargamento monumental de heroína en San Francisco California, aquí se prenden las alarmas de la DEA, al ver que el consumo en Estados Unidos estaba disparado y el flujo de esta droga a través de México era constante.

Entretanto, en Colombia se empezaba a debatir sobre el control por parte de las autoridades a los cultivos de amapola. Específicamente, se mencionaba al departamento del Huila como el epicentro del cultivo de la amapola y de la producción de heroína, sin embargo, la calidad de esta última era todavía muy baja para competir con países como Afganistán o Myanmar, por lo que el foco principal era la producción de la flor. 

 

                                           Ilustración: Malaletxe (Ilustrador Narcorama).

 

¿La droga de moda?

Pero la calidad de nuestra heroína no sería baja por siempre. En el año 1999 mueren dos jóvenes en Filadelfia, Pensilvania. Al parecer consumieron heroína. Lo que llamaría la atención de este caso, es que estos jóvenes mueren por consumir heroína demasiado pura, la cual, después de investigar la cadena de proveedores, resultó ser originaria de Colombia. Desde este descubrimiento, se desmanteló toda una red multinacional que llevaba heroína semanalmente a Estados Unidos desde las principales ciudades de Colombia, mediante gente que ingería estas cápsulas. Según los cálculos de la época, cada kilo de heroína se vendía en Estados Unidos en 250 mil dólares. Hoy un kilo de heroína puede estar entre 50 y 80 mil dólares, mientras que uno de cocaína vale poco más de 20 mil dólares. Desde aquí se empezó a creer que la heroína remplazaría a la cocaína como droga de exportación, en tanto era la droga de “moda” siendo más estimulante para el consumidor y dando mayores ganancias para el vendedor.

En los ocho años del gobierno de Uribe, se habló mucho de la erradicación de los cultivos de amapola, donde se hablaba que ésta estaba desapareciendo del país a la par que disminuían los cultivos de coca. Uno de los estimados, por ejemplo, hablaba de poco menos de 100 hectáreas sembradas en todo el país, el cual había llegado a tener hasta 15.000 hectáreas. Sin embargo, el consumo de heroína en el país no parecía reducir. Por ejemplo, en el 2010 se le muestra al país, a través de los medios, el caso de Santander de Quilichao. En este municipio, de 80.000 personas, había aproximadamente 8.000 jóvenes entre 10 y 25 años que decían haber probado heroína alguna vez.

Al revisar las noticias sobre heroína y amapola en el país en 20 años, se encuentra una gran preocupación por la erradicación de cultivos de amapola y por la captura de personas que llevaban heroína dentro de su cuerpo hacia Estados Unidos. Sin embargo, aún es muy poca la información que tenemos sobre este tipo de consumidor. Al parecer el análisis económico tradicional que se hace sobre este tipo de consumo/consumidor, suele considerar a la cocaína y a la heroína como dos bienes perfectamente sustituibles que se intercambian según una restricción presupuestaria y unos precios de oferta y demanda.

La estrategia de etiquetar a todos los consumidores de drogas como enfermos de un mismo “problema” permite al Estado, entre otras cosas, dedicarse a combatir exclusivamente la producción y distribución de la droga. Sin embargo, al ver las texturas y rasgos específicos de los entornos y sujetos alrededor de cada droga, se abren varios matices que diferencian a unos y otros consumidores. En una de nuestras primeras entradas en esta columna, un entrevistado que conocía del tema, nos explicaba, con algo de misterio y superstición, que la heroína era una droga maldita y que negociar con ésta era una condena al fracaso ya que sólo era usada por “ladrones, vagos y enfermos”. En cambio, decía él, la cocaína era una droga de éxito.

Igualmente, cuando se miran algunos de los reportes médicos que se hacen al respecto, se habla de que la heroína produce mayor adicción que la cocaína. Donde se encuentra principalmente que la heroína estimula receptores en el tallo cerebral que controlan la respiración, la presión arterial y la excitación; mientras que la cocaína incrementa principalmente el flujo de neurotransmisores como la dopamina causando efectos eufóricos. Aquí la diferencia principal es que mientras la heroína afecta el funcionamiento de gran parte del organismo, la cocaína sólo estará afectando unos tipos de sensaciones específicas relacionadas con la euforia y la posterior dependencia a ésta.

 

                                                       Ilustración: La Plaga (Casa de las Estrategias).

 

Diferenciación de consumidores

Aquí los contextos son importantes. Retomando el caso de Santander de Quilichao, valdría la pena preguntarse ¿Por qué en un municipio tan pequeño tantos jóvenes consumen heroína? La respuesta que se esgrime es que por este municipio se mueve mucha de la droga producida en esta región, donde posiblemente con dificultades para exportar la droga se repartió entre los jóvenes a precios muy bajos volviéndolos adictos a ésta en poco tiempo. Contextos y sujetos, sigue siendo un problema invisible para las autoridades que se dedican a capturar cargamentos, erradicar cultivos y arrestar consumidores. Pero cuando miramos que un consumidor de heroína requiere de un tratamiento costoso (7 millones aproximadamente) y además implica el uso de otras sustancias que también causan adicción como la metadona, nos damos cuenta que estamos ante problemas muy diferentes. 

Aquí se hace necesario ver que, a pesar de que el Estado exhibe en medios la casi desaparición de los cultivos de amapola en el país y la creciente disminución de los cultivos de coca, los consumidores siguen portando una carga de criminalización alta que los corta por igual. No queremos, por ejemplo, comparar a un mariguanero con un heroinómano, pero cuando el primero hace de la droga parte de su socialización, no gasta mucho dinero en consumo y no interrumpe sus actividades y el segundo necesita de jeringas, gastar casi todo su presupuesto y pasar varios días alejado del mundo; es claro que estamos fallando para intervenir y acompañar sujetos que están enfrentando problemas muy diferentes.

En conclusión, el problema de la drogadicción no es un problema exclusivo de cargamentos, cultivos y grandes inversiones en seguridad. Si no, es también, un problema de etiquetamientos y mitos alrededor de la droga, especialmente hacia los jóvenes consumidores. Adicionalmente, los contextos criminalizados incidirán sobre los tipos de drogas que se consume, así que más allá de hablar de drogadictos debemos preocuparnos por los espacios de socialización en que están interactuando nuestros jóvenes y las posibilidades de elección que tienen ante la oferta criminal de drogas que busca crear y cerrar mercados según la oferta y demanda del alucinógeno.  

 

 

Comentarios - Cada usuario tiene la posibilidad de incluir solo tres comentarios
Mié, 2012-01-11 22:03

Que buen articulo, es muy poco comun que se le de el enfoque mencionado al tema de la drogadiccion.

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