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Sábado Julio 02, 2022

La biografía de Álvaro Uribe Vélez es un libro predecible: sin sentido del humor, sin sorpresas, sin color, sin giros narrativos. La mayor parte de las 335 páginas contiene la retahíla que le hemos oído una y otra vez en consejos comunitarios, en entrevistas, en Twitter, en discursos, en consejos comunitarios en Twitter. Pero ahí no está su valor. Lo importante no es la historia que el expresidente cree que cuenta sino lo que realmente nos dice esa historia sobre él. En ‘No hay causa perdida’ están las claves del relato fantástico que Uribe tiene sobre sí mismo.

Si tuviera que sintetizar esta idea que les planteo usaría esta cita del libro: “En ocasiones se me ha descrito como una especie de Bruce Wayne suramericano: un niño privilegiado que juró vengar la muerte de su padre asesinado por bandidos”.

No recuerdo a ningún periodista o político o uribista de número que haya comparado a Uribe con Bruno Díaz (como se conoce en español a Bruce Wayne, la identidad civil de Batman). Y aunque uno puede ignorar ese símil desafortunado (pensado tal vez para un lector gringo) y pasar de largo, a medida que avanzan las páginas queda la sensación de que, en efecto, el expresidente cree que encarna ese mito, con una pequeña precisión: no se ve a sí mismo como Díaz –o Wayne–, sino como un Batman de tiempo completo. 

Ustedes dirán que, si es así, ni el libro ni yo estamos diciendo nada nuevo. Que Uribe se cree ungido, ya lo sabíamos; que muchos lo consideran el Mesías, ya lo dijeron; que tiene complejo de Adán, ya salió en las columnas de opinión. El problema es que en estas memorias el expresidente aparece con capa y antifaz no solo en la plaza pública y ante los micrófonos, donde es habitual, sino también a puerta cerrada, donde ejercía el poder con su gabinete. El súper-poder.

Todos hemos oído a Uribe hablar de la firmeza sin dobleces y de la responsabilidad impoluta de su gobierno. Pues el libro está lleno de ese tipo de advertencias que, según él, hacía constantemente a sus colaboradores: “Así, tanto durante mis campañas como cuando asumí cargos públicos, exigí de todos los que me rodeaban seguir el ejemplo de Santa Teresa: ‘En caso de duda, abstenerse’”; “Si la confusión, las recriminaciones y las insinuaciones eran nuestros enemigos, la transparencia era nuestra única aliada”.

Me pregunto si esto puede ser cierto, si es posible que el entonces Presidente enfrentara crisis gravísimas como la del DAS hablándole de Santa Teresa a Jorge Noguera.

El libro también describe el detrás de cámaras de varios momentos exitosos del gobierno: la Operación Jaque, el bombardeo al campamento de Raúl Reyes, el escape de Fernando Araújo, y un largo etcétera (no queda ninguna cuenta de cobro pendiente). En ninguno de ellos hay un solo diálogo sobre las vicisitudes propias del ejercicio del poder, la tensión inherente al hecho o el drama de tomar una decisión donde todas las opciones parecen malas.

Por lo que aparece en el libro, nunca hubo conversaciones de alto nivel en el gobierno sino breves interpelaciones de los asesores de Uribe, quienes trataban de disuadirlo por su exceso de audacia. “Reuní a otros altos funcionarios y pedí sus opiniones sobre cómo debíamos proceder. La mayoría recomendó cancelar el intento de rescate”, escribe. Después él reflexionaba sobre la Patria y las Fuerzas Militares y concluía. “No dudé al tomar la decisión. Me di vuelta y miré al general Padilla: –Proceda –le dije–. Proceda bajo mi responsabilidad”.

Por supuesto que en esas reuniones pasaron mil cosas más. Ningún país se gobierna a punta de diálogos de novelas policiacas. La pregunta es si el expresidente estaba tan imbuido en su propia grandeza, mirando la bati-señal por la ventana de Palacio, que jamás oyó lo que los demás decían.

La comparación entre Uribe y Batman –que él rechaza en teoría pero abraza en la práctica– se origina en la muerte trágica de su papá, Alberto Uribe, a manos de las FARC, un episodio contado en el libro en detalle. Aquí la redacción del texto (traducido del inglés, al parecer) no hace más que reafirmar la idea de que uno está leyendo un cómic:

– ¡Don Alberto, no! –gritó el capitán Rivera–. ¡Son muchos! ¡Lo van a matar!

– Así será –contestó mi padre mientras se refugiaba en la cocina–. ¡Asegúrate de que toda mi familia y mis trabajadores escapen!

Algo similar sucede en otros diálogos, que ya parecen parodias de una trama de acción. Esto le advierte un asesor al entonces Presidente:

– ¡Señor Presidente, tenga cuidado! Hay un criminal muy poderoso en Caucasia, tanto como Pablo Escobar. Su alias es 'Macaco', y está diciendo a la gente que lo va a matar porque usted está pisando muy duro, porque está causando demasiados problemas.

De todo este contexto de violencia queda claro que Uribe se forjó en medio de la guerra. Esa dosis de calle, que pocos políticos nacionales tienen y que Mr. Santos solo ha visto por la ventana del carro, está reivindicada en el libro como las cicatrices de un veterano. “Del panel lateral del helicóptero cogí la primera arma que encontré –una ametralladora– y traté de proporcionar fuego de cobertura”, cuenta el expresidente sobre un día en el trabajo como gobernador de Antioquia.

Uribe se aleja de Batman –y, en general, del drama de cualquier superhéroe– a la hora de hablar de sus defectos. Mientras el hombre-murciélago enfrenta dilemas existenciales cada noche, al punto de volverse cursi, el expresidente recurre a la fórmula clásica de reconocer como defecto lo que realmente considera una virtud. Él es demasiado transparente, demasiado sincero, demasiado optimista.

Lo mismo sucede cuando habla de su capacidad de reflexión y de autocontrol, después de aceptar tímidamente que es una persona de muy mal genio: “El yoga nitra me generaba un estado de sueño sin desconcentrarme del mundo real, me permitía un reordenamiento mental, un examen crítico de mis actuaciones, una reflexión sobre dificultades, una fijación de los parámetros que deberían guiarme, todo en un horizonte de retorno a la serenidad”.

Antes de leer ‘No hay causa perdida’ creía que Uribe era, por encima de cualquier cosa, un cínico. Hoy, después de acompañarlo a lo largo de sus memorias, de leerlas capítulo por capítulo (seis en total, titulados ‘Amor’, ‘Coraje’, ‘Constancia’, ‘Confianza’, ‘Responsabilidad’ y ‘Lealtad’), empiezo a creer que puede ser más bien cándido; que se ve en el espejo de la misma manera como nos habla; que está convencido de que cumple la misión especial de un superhéroe. Así esté del lado oscuro de la fuerza.

 

@CCortesC

Comentarios - Cada usuario tiene la posibilidad de incluir solo tres comentarios
Jue, 2015-08-27 12:18

Debo manifestar mi indignación ante tal comparación! Creo que les falta comic. Batman tiene una altísima escala de valores inquebrantables. Por encima de muchos otros personajes. Nunca "aunque parece" a puesto su interés personal, por encima de los de los demás. Uribe es Lex Luthor, mas bien!

Lun, 2012-10-15 23:17

Carlos Cortés Castillo ¡tienes una capacidad infinita para el masoquismo! Eres el primero de los no uribistas - y tel vez el único - que sea capaz de leer semejante vómito. Mi "crítica reseña" sera mucho más prosaica que la tuya (Uribe es un psicópta): la mía será ir al mercado de las pulgas de la 24, esperar a que aparezca en 2000 pesos, llevarlo a la plaza de Bolívar y orinarme encima al lado de las palomas.

Jue, 2012-10-11 11:13

De lejos la mejor reseña del autopanegírico ese, muy superior a la que, por ejemplo, escribió el hijo del nobel Vargas Llosa.

Lun, 2012-10-15 14:09
Mié, 2012-10-10 14:34

Bueno, hablando de traducciones del inlés al español, efectivamente el expresidente Uribe fue durante su gobierno un Bat, man, diría un murciélago hecho "hombre", que supo chuparle la sangre a todo un país no solo para llenar su propia necesidad sino para llenar de esa sangre (dinero) a todos sus cómplices (ministros) e inclusive a sus propios "Litte batmans" (Jerónimo = Jerry y Tomás = Tom) dicho de otra forma y traducción Tom y Jerry, quienes también chuparon sangre hasta dejar entre todos un país anémico que ahora trata de recuperarse. No es necesario leer una sarta de mentiras,ya que jamás escribiría la verdad sobre su oscuro pasado que incluye a padre, hermano y sabrá Dios cuantos más. Dios nos libre de otro desangrador, de otro Batman que acabaría esta patria al igual que el dictador venezolano Hugo Rafael Chávez Frías esta matando de anemia a Venezuela, la sangre se termina y el país se muere. "Amanecerá y veremos" dijo el ciego..

Mié, 2012-10-10 07:12

Solo un pias con total ausencia de educacion logra parir semejantes esperpentos salvajes y extremamente peligrosos, como Uribe, Jabon, Rastrojo, Chupeta, Jojoy y similares.

Mié, 2012-10-10 03:46

Respecto a un tipo como Uribe sólo me queda preguntarme: es un cínico o realmente no sabe lo que está haciendo? Usted va ahora por la segunda opción, pero a mí me sigue pareciendo la más improbable.

Excelente entrada, felicitaciones.

Mié, 2012-10-10 08:11

Gracias por visitar el blog. Saludos.

Mar, 2012-10-09 21:52

Dos facetas de Uribe. Se siente Batman y a la vez se siente ungido por un destino manifiesto. Ningún caudillo cree estar equivocado y todos, desde hitler a chavez, pasando por Uribe, creen que el mundo nace y muere con ellos. Esto es cierto para ellos , pero no para los demás mortales, al menos que se traguen su cuento y ceden su espíritu a soñar y luchar los sueños de otros. La sociedad es la que le da vida al caudillo y de las circunstancias de esta depende las características del futuro prohombre. En las sociedades emocionales,inmaduras y con un bajo entorno juridico y social, salen los caudillos de todas las pelambres y estilos y las arrastran , no las llevan a su triste y lúgubre capricho .El caudillismo es inversamente proporcional a la madurez de una sociedad. Excelente articulo, excelente visión de periodista.

Mar, 2012-10-09 14:48

Que buena nota. Aporta y divierte. Y lo mejor, no perderé mi tiempo leyendo ese esperpento. El "hombrecillo de carriel y motosierra" no puede ocultar sus peligrosas deformaciones mentales y emocionales.

Mar, 2012-10-09 13:39

¡Ahhh Uribito! !Ahh sus dos personalidades! Lo que pasa es que la máscara que usa no es de murciélago sino de un lindo payasito con cara de acólito modoso y medio ñoño. La verdadera la podría revelar una Corte Penal con el auxilio de un equipo de psiquiatras. De todas formas, Gracias Carlos por el artículo, divertido y fruto de un sufrimiento sostenido para leer el bodrio del payaso.

Mar, 2012-10-09 13:11

Yo discrepo, con respeto, frente a la posición de algunos foristas respecto a leer la auto-historieta del oráculo. Debemos conocer todas las posiciones, por más despreciables que estas sean; representan una parte del país que no se puede ignorar. Claro tambien respeto y entiendo a quienes ven con desden el libro; es solo que los invito a no dejarse contaminar por todo lo que caracterizó a ese gobierno durante 8 años.

Mar, 2012-10-09 16:01

Yo pensaba que en sus memorias Uribe haría el esfuerzo de elaborar su discurso. Pensé que ahí, con el reposo de la escritura y con la perspectiva del tiempo, iba a elaborar más sus argumentos. Pero no lo hace, cuenta el mismo cuento. En algunos pasajes se ve mucho más razonable de lo que demuestra en público. Por ejemplo dice: "La venganza no resuelve nada y la violencia en Colombia no puede ser interpretada en términos morales, como una confrontación entre el bien y el mal. Por el contrario, la violencia hunde sus raíces en problemas sociales complejos". Estoy de acuerdo, solo que eso no concuerda con todo lo demás que cuenta en el libro.

Mar, 2012-10-09 10:37

Alvaro Uribe Veelez termina siendo un producto de la violencia y el narcotráfico... desde niño de rodeó de narcotraficantes y criminales como su padre... ese tipo de personas creen que hacen el bien general cuando lo único que hacen es librar su propia venganza.... por eso este tipo de personas no deben llegar al poder, porque utilizan a las instituciones para sus luchas personales....

Mar, 2012-10-09 10:10

Excelente artículo. El carácter de periodista de Carlos, explica el que haya tenido que leer ese bodrio.Debo agradecerle ese sacrificio, porque de paso me evito comprar el libro y contaminar mi biblioteca.
Se dice, y Uribe es la prueba, que la peor tragedia de algunos hombres consiste en que terminan creyéndose sus propias mentiras. Porque lo cierto es que antes que impoluto, transparente y veraz, Uribe es el prototipo del cínico, truculento y corrupto. No olvidemos que fue su propio sucesor en la Presidencia quien dijo que en donde se pusiera el dedo en su administración, salía pus!

Mar, 2012-10-09 10:09

Para mi sigue siendo cinico...

Mar, 2012-10-09 09:55

Yo encuentro a AUV más parecido a Michael Corleone que a Batman

Mar, 2012-10-09 08:29

Querido Carlos,

Gracias por la reseña del libro de nuestro magnánimo Expresidente. Realmente no creo tener tiempo de leerlo en los próximos, digamos, 30 años.

El símil con Batman me ha permitido aclarar el rol de otros fantásticos personajes que rodearon a nuestro justiciero murciélago:
Pacho Santos como Robin, y Enilce López, “alias la gata”, como ella misma o Gatubela

Gracias otra vez!

Oscar

Mar, 2012-10-09 05:52

Carlos, qué buen periodista es. Adentrarse en el libro de Uribe es como enfrentarse a un combate militar, a una emboscada, reconozco no tener tanta valía. Es que sus primeras líneas de su artículo, es lo que la mayoría tenemos claro. Imáginese una persona con el perfil psicológico de Uribe, qué más podría escribir en su libro, sino es la misma retahila conocida por todos. Qué mal Colombia que permitió que semejante enfermo mental fuese su presidente y dos veces. Uribe es la prueba fehaciente de lo mal que deciden los colombianos, de la pérdida de valores, de la refundida tan tenaz que le damos a la ética, de que en el fondo el colombiano no es más que un chafarote con ínfulas de matón y delirios de superhéroe. Bruce Wayne, Bruno Diaz, Batman, qué disparates. Será un murciélago de esos que no ven y chupan sangre. Y que me perdonen los murciélagos.

Mar, 2012-10-09 07:22

Me sacrifiqué sin dobleces por la Patria, Marleny. Saludos.

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