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Lunes Agosto 15, 2022

La paz es el tema principal de la agenda nacional. A partir de mañana y hasta el 22 de abril se realizará en Bogotá el Congreso Nacional para la Paz, que pretende recoger y articular las propuestas que se han venido gestando en los Congresos Regionales para la Paz.  

Feliciano Valencia, candidato a la presidencia de la república por el movimiento político País Común, es una de las voces mas relevantes de esta iniciativa. Valencia ha sido vocero político de la Asociación de Cabildos Indígenas del Norte del Cauca, que se ha caracterizado por rechazar la presencia de actores armados en sus territorios y haber aplicado la desobediencia activa para expulsar a militares y guerrilleros de sus resguardos. Esto piensa Valencia sobre el proceso de paz.

¿Qué es para ustedes la paz?

Nosotros entendemos la paz como un estado de bienestar completo. La vida sabrosa. En paz, en tranquilidad, sin preocupaciones económicas; pero sobretodo sin temores, sin miedos y sin las angustias que nos produce la guerra y la violencia en Colombia. Para nosotros la paz es vivir sabroso, y esto es tener tierra, territorio, tener gobierno propio, legislar nosotros y practicar nuestros ejercicios de convivencia sin andar corriendo por la acción de la guerra.

¿Cómo ve el proceso de paz entre el Gobierno y las FARC-EP?

Que en la Habana se esté negociando el cese del conflicto armado es muy importante para nosotros los pueblos indígenas, que estamos afectados directamente por la confrontación armada; pero también lo es para toda la sociedad, pues en Colombia todos somos víctimas de esta eterna guerra. Así, la terminación del conflicto armado es fundamental para que los pueblos, organizaciones sociales y la sociedad civil podamos construir la paz que tanto anhelamos. Pero el Gobierno y la insurgencia deben entender que la construcción de la paz va más allá de la finalización de conflicto armado. Porque la violencia y la guerra han sido azuzadas por el gran problema social que tenemos en Colombia. Un asunto de orden estructural que tiene que ver con la desigualdad, la pobreza, la injusta en distribución de la riqueza, el monopolio de la tierra y la falta de garantías para una vida digna.

¿Por qué cree que se da ahora este proceso de negociación?

En primer lugar, la guerrilla ya llegó al límite máximo de poder sobrellevar la guerra, y constató que no va a lograr acceder al poder por este camino. Y el Gobierno, de la misma manera, sabe que no podrá derrotar a la guerrilla por la vía militar. De esos límites, surge una primera necesidad de sentarse a negociar. En segundo lugar, son ya muchos años en que los procesos sociales y las organizaciones populares exigen que esta guerra termine con una solución política y negociada del conflicto social y armado. En tercer lugar, el Gobierno de Santos necesita la finalización del conflicto para desarrollar su agenda de gobierno, pues tiene un problema económico importante y requiere de la inversión extranjera. Y finalmente, en la sociedad colombiana ya nadie le apuesta a un proyecto político-militar para la toma de poder.

¿Que temas tendrían que ser abordados para llegar a la paz?

Si queremos construir una ruta o una metodología para llegar a la paz debemos revisar toda la política del gobierno nacional en relación a la cuestión del comercio internacional. Nosotros nunca estuvimos de acuerdo con los Tratados de Libre Comercio en las condiciones como se negociaron, pero el gobierno los firmó porqué hay unos intereses de carácter transnacional en ese ejercicio.

Por otro lado, tiene que haber una adecuación institucional del Estado colombiano para que las iniciativas o hechos de paz que vamos construyendo sean realizables. Por ejemplo, se tiene que cambiar el sistema de participación política actual. ¿Cómo se aprueba una reforma política que pretende aniquilar a los partidos de base, para que quede la hegemonía bipartidista nuevamente? Esto también impide llegar a la paz.
Por último, si queremos vivir en paz, toda la inversión social pública se debe destinar al mejoramiento de las condiciones de vida de la gente, y no a sostener un aparato militar que busca fortalecer un estado de guerra y la presencia militar en los territorios. Por lo tanto, si se negocia la guerra en la Habana tiene que haber una reducción significativa del aparato y la inversión militar. Porque de momento, se negocia la paz pero en este país sigue la guerra

¿Qué opina de la discusión en el proceso de La Habana con respecto a la cuestión agraria, teniendo en cuenta que hasta ahora el debate no ha sido de conocimiento público?

Frente a la opacidad con la que se está llevando a cabo el proceso, primero tendríamos que exigir una rendición de cuentas al Gobierno y a la guerrilla sobre el enfoque del tema agrario. Pero, la cuestión central es que nuestro ideal de país difiere mucho de lo que se está discutiendo en la Habana. El problema de fondo en Colombia respecto al sector agrario es el modelo económico fundamentado en el extractivismo de los recursos naturales, encabezado por la llamada “locomotora minera” del actual gobierno, que va en contra de lo que nosotros planteamos en relación con la tierra y el territorio. En las negociaciones se están discutiendo modelos agrarios que no responden a las necesidades de la gente, y los vamos a cuestionar con mucha fuerza. Por ejemplo, con el tema de las reservas campesinas. ¿Desde qué lógica las está pensando la guerrilla y el gobierno: desde lo qué pensamos las bases, o desde un modelo de productivismo campesino para exportar hacia fuera?

¿Qué otros actores deberían participar en el proceso de paz?

Todos los actores armados que existen en Colombia deben sentarse a negociar. En La Habana falta el ELN, pero también el EPL, el PRT; y falta el paramilitarismo, que es un tema que no se ha entrado a discutir. Por otro lado, tienen que tenerse muy en cuenta las mismas leyes que el Gobierno ha venido creando, por ejemplo, la ley de víctimas. Sin embargo, el tema de Verdad, Justicia, Reparación y Garantías de no Repetición lo vemos paralizado todavía. El problema humanitario tiene que zanjarse de una vez por todas, y estar presente en las negociaciones.
Por lo cual, consideramos que en la Habana hay una mesa eminentemente excluyente. Están los sectores que impulsan la guerra, pero no está la sociedad civil, ni el tema de género; de cómo afecta la guerra específicamente a las mujeres, ni está la agenda social, ni las otras iniciativas a partir de las que venimos construyendo paz. No obstante, esta exclusión es comprensible, porqué están negociando la paz según sus intereses. Este es el gran desafío que tiene el movimiento social y popular, cómo darle la vuelta a esta situación.

Por todo lo anterior, cabe recalcar que en las negociaciones existe la intención por parte del gobierno y la guerrilla, de definir territorialmente donde se va a quedar cada uno, donde se va a quedar la guerrilla y donde los sectores empresariales del país. Porque tengamos en cuenta que en el proceso están los empresarios, que conforman parte de la sociedad civil, pero en cambio no estamos nosotros que tenemos contradicciones con los empresarios. Están negociando una repartición territorial del país.

Paralelamente al proceso de paz institucional, ¿qué alianzas está desarrollando el movimiento indígena junto con otros sectores sociales para construir la paz a nivel nacional?

La mesa de la Habana no nos puede entretener a la hora de construir nuestro propio proceso de paz. Y partimos de la lógica que solos y solas no podemos. Luchar solos nos significa desgastes y riesgos como los que hemos venido sufriendo. Además, todos estamos luchando por la paz. Entonces juntemos esas luchas: con campesinos, con negros, con estudiantes, con académicos, con la iglesia, y con tendencias de carácter progresista que impulsa la izquierda colombiana. Hagámoslo desde la diversidad, teniendo en cuenta que en el movimiento indígena le apostamos a una alianza social que respete las dinámicas, los ritmos y las agendas del propio movimiento.

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Esta entrevista fue realizada en colaboración con Ivan Miró.

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