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Martes Octubre 26, 2021

Por: Tatiana Pachón y Andrea Hastamory

A las 6:45 am del domingo 27 de abril llegamos a la estación de Transmilenio de la calle 72 en Bogotá. El día empezaba con una tenue niebla, viento helado y el pavimento humedecido en las solitarias calles de la capital. Salimos de la estación y emprendimos el camino hacia la carrera séptima, mientras charlábamos con quienes han tenido que pasar por una experiencia tan difícil como la pérdida de una parte de su cuerpo. Aún así, muchos de ellos no se amilanan fácilmente. Esta era la Séptima carrera por los héroes de Colombia, quer organiza anualmente la Corporación Matamoros para recaudar fondos para la educación, rehabilitación a través del deporte, inclusión laboral y talleres de apoyo psicoemocional a soldados y policias heridos en combate. 

A pesar del frío que hacía, empezamos a calentarnos durante el recorrido. Mientras avanzábamos, vimos grupo grande de uniformados de la policía que venía desde la carrera séptima y se desplegaba por la calle 72. Con la ayuda de los miembros de la Defensa Civil hacían el cierre de las calles para que el tráfico dominical no interrumpiera el camino de los atletas. Con el paso de los minutos, se congregaron personas de todas las edades que lucían ropa deportiva y camisetas azul eléctrico y verde fosforescente con el mensaje “Carrera de los héroes 10K”. Caminaban rápidamente hacia el punto de salida, la carrera partiría a las 7 am de tres puntos diferentes: la calle 85 con carrera 15, la calle 93 con carrera séptima, y la calle 73, donde nos encontrábamos. Desde este punto se corría el recorrido más corto: 3 kms de distancia hasta la meta. De aquí partirían personas del común acompañadas por los soldados y policias heridos en combate.

Muchos le madrugaron al calentamiento y estiramiento conjunto. Vimos en este grupo a dos militares de sudadera azul oscura con rayas rojas y el mensaje “Ejército”. Uno de los soldados, alto y fornido, se apoyaba en unas muletas. Su acompañante, de estatura media y contextura gruesa, se ponía sus guantes para participar de la carrera en su silla de ruedas.

Bajamos hacia el Centro Comercial Avenida Chile a esperar a los atletas pasar. Eran las 7:30 de la mañana. El lugar estaba lleno de avisos alusivos a la carrera y había también "puntos de hidratación" donde grupos musicales de la policía animaban a los participantes. Las calles ya no estaban solas y un pequeño rayo de sol luchaba por salir de entre las espesas nubes.

A las ocho de la mañana una pareja se acercó a nosotras y nos pidió en la banca que compartíamos. 

-¿Ustedes también están esperando a un familiar? -nos preguntó la señora. 

-No señora, vinimos a recoger material fotográfico.

-¿Y eso para qué?

-Somos estudiantes de comunicación social y estamos haciendo un reportaje sobre el conflicto armado colombiano.

-¡Ah, muy interesante!. Nosotros estamos esperando a nuestra hija para tomarle foto. 

Le sonreí y vimos que un grupo de personas se acercaba corriendo. Empezamos a tomar fotos y a los pocos minutos aparecieron los protagonistas: personas en sillas de ruedas convencionales, otras en sillas en forma de triciclo con pedales que operaban con las manos; otras personas sin una de sus piernas, que avanzaban rápido con ayuda de muletas, bastones o prótesis, y también soldados y policias invidentes con sus lazarillos. Reflejaban vida y alegría. Algunos al darse cuenta de que estábamos tomando fotos posaban con alguna mueca y gritaban “¡Viva Colombia!”. Nos embargó un sentimiento de pertenencia, sonreímos y respondímos emocionadas “¡qué viva!".

Al cabo de unos minutos empezaron a aparecer pequeños escuadrones de los distintos batallones del ejército y la policía, integrados por hombres corpulentos y fuertes con sus caras pintadas de verde, café y negro, llevaban botas negras perfectamente lustradas y su pantalón camuflado. Marcaban el compás de su marcha con cantos alusivos al honor y la gloria de las personas que día a día batallan y están dispuestos a dar su vida por la patria. De pronto vimos acercarse una "mancha" verde encendido, que trotaba acompañada de tres motos de la policía. Una de las personas que estaba al frente llevaba una bandera de Colombia Al verlos de cerca vimos que se trataba del presidente Santos con su esposa y dos de sus hijos acompañados de muchos escoltas, todos con la camiseta del evento.

 La meta es la gloria

Acompañamos a los atletas por el sendero de la carrera, caminamos a paso apresurado los 3 km que faltaban hasta la meta, en la calle 85. A medida que avanzabamos varias filas de uniformados a lado y lado de la calle animaban a los corredores, aplaudían a los que por el cansancio ya iban caminando, y gritaban y chiflaban efusivamente a los discapacitados. Íbamos por la carrera 15 hacia la meta. En el recorrido vimos una familia de cuatro personas, cogidos de la mano, trotando y tomando agua.

Más cerca de la meta curiosos y familiares de los participantes se agolpaban para tomar la foto de la llegada. Vimos pasar el umbral de la meta con los brazos en alto al ministro de defensa, Juan Carlos Pinzón, y minutos después, al General Rodolfo Palomino, con una cintilla verde en su cabeza y el mensaje “Policía”. También llegaro a la meta actores, presentadores y reinas de belleza.

La alegría y la emotividad al llegar a la meta se hacían sentir con gritos y arengas. Muchas personas ondeaban la bandera de Colombia, otros querían guardar el momento tomándose una foto con su celular.  Fue inevitable no sentirnos conmovidas y con la piel erizada por el temple de estos héroes que siguen adelante.

Al final de la carrera, el presidente Santos subió a la tarima para felicitar a los atletas y entregar las respectivas medallas a los mejores tiempos, todos escuchaban con atención y aplaudían a los ganadores. Cada uno de los inscritos en la carrera recibió una pequeña placa recordatoria. La jornada terminó con una rutina de aeróbicos.

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Esta historia hace parte del especial El poder de la mente, la fuerza del corazón. Clic aquí para verlo. 

Hilos temáticos: Conflicto Armado, Víctimas
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