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Martes Octubre 26, 2021

El mes pasado en el municipio de Sopó, Cundinamarca, se realizó el primer Torneo Nacional Mayores Masculino de Voleibol Sentado. Compitieron seis equipos de cinco ligas diferentes, la mayoría de los deportistas son militares discapacitados víctimas de la guerra. 

El equipo Fuerzas Armadas A, campeón del torneo, con el entrenador Tunney Cañón. 

El soldado ibaguereño Eduardo Leal perdió su pierna hace dos años por culpa de una granada de mano en Toledo, Norte de Santander. “Tengo un bebé que es el motivo de seguir viviendo”, dice el Soldado Leal, que representa a Colombia desde hace un año en la selección de voleibol sentado.

Miguel Solarte lleva veinte años de servicio en el Ejército y hace parte de la selección de Córdoba presente en el torneo. “La lesión ocurrió en un combate que tuve en San José de Antioquia contra el quinto frente de las Farc. El combate duró desde las dos de la tarde hasta las cinco y perdí la pierna porque me quede veinticuatro horas sin atención”. 

En un campo de juego de diez metros de largo por seis de ancho, dos equipos de seis personas disputan cada partido de voleibol sentado. La altura de la malla que divide el campo en dos 1,15 m. para hombres y 1.05 m. para mujeres. En el voleibol sentado el servicio o saque se puede bloquear, y la invasión para los discapacitados sucede con las nalgas, que equivalen a los pies en el voleibol de piso. Cada partido dura entre 45 y 75 minutos; cada jugada dura aproximadamente un minuto, es un juego muy rápido.

Los primeros deportistas de voleibol paralímpico en Colombia pertenecen a las Fuerzas Armadas. Varios de ellos han representado a Colombia en diferentes torneos internacionales. Carlos Marín es uno de los pioneros: “hace cuatro años práctico el voleibol sentado y para la parte de recuperación muy elegante, uno se distrae, conoce y el voleibol hace el tratamiento mucho más fácil, porque el cambio de vida es muy brusco y esto nos ayuda a conservar la mente”. Carlos nació y vive en Urabá, está casado y es padre de tres hijos. Está pensionado hace dos años y perdió sus dos piernas hace cuatro años cuando pisó una mina en la serranía de Abibe, en los límites de Antioquia y Córdoba. Para Carlos el deporte es más que la práctica física. “Todos vamos a misa, nos reunimos a jugar dados, cartas, nos tomamos del pelo. Ellos son realmente un acompañamiento diario”. 

Tunney Cañón, entrenador de la selección Colombia de voleibol sentado, ha liderado la práctica de este deporte con el apoyo de la Federación Colombiana de Voleibol, Coldeportes, El Comité Paralímpico Colombiano y las Fuerzas Armadas. Cañón, nutricionista de 48 años, es según sus deportistas una persona alegre, responsable y autodidacta, pero ante todo es un motivador. 

“Este deporte fue creado inicialmente para personas con amputación de miembros inferiores o superiores, aunque también pueden encontrarse deportistas con discapacidades mínimas que corresponden a perdida de movimiento, pérdida de fuerza muscular o faltas anatómicas, como amputación de los siete primeros dedos o limitación funcional de estos, entre otras limitaciones del sistema nervioso central”, explica la fisioterapeuta Viviana Ostos Quintero. 

En Sopó se reunieron deportistas con diferentes discapacidades y en su mayoría militares víctimas del conflicto. El equipo de Córdoba representó a la décima primera brigada del Ejército, perteneciente al Club Nuevo Vivir de la liga paralímpica; el equipo del Huila representó a la novena brigada de Neiva; los deportistas  que compitieron por Antioquia son soldados profesionales y civiles con discapacidades mínimas; los dos equipos que representaban a las Fuerzas Armadas estaban integrados en su totalidad por víctimas de minas antipersona (MAP) y municiones sin estallar (Muse); en el equipo de Bogotá los deportistas participantes fueron personas con enfermedades congénitas y otras discapacidades. El equipo Fuerzas Armadas A fue el campeón del torneo. 

El equipo Fuerzas Armadas B (de azul) enfrenta al equipo de Antioquia (de banco y verde). 

Entre 1990 y 2013 ha habido en Colombia más de 10.500 víctimas por minas antipersona y municiones sin estallar, según el Programa presidencial contra las minas antipersonales. El 21% de las víctimas han muerto y el 79% han quedado heridas. Carlos Gómez, vicepresidente de la Federación Colombiana de Voleibol, opina que se podría pensar en invertir un poco más en la recuperación de las víctimas heridas y trabajar con ellas en los diferentes proyectos que están realizando los departamentos para la inclusión y la recuperación por medio del deporte, lo que incrementaría los logros en el deporte paralímpico en Colombia. Aunque admite que no es fácil motivar a las personas discapacitadas a practicar deporte por primera vez, dice que sí es frecuente que después de practicarlo queden inmediatamente vinculadas.

James Tovar, de la liga del Huila, tiene 47 años y es mayor de los deportistas participantes. Hace cuatro años sufrió un accidente automovilístico en el que perdió su pierna izquierda. James tiene cuatro hijos activos en el Ejército y pese a la situación de sus compañeros, dice que se siente orgulloso del proyecto de vida de sus hijos.

Para Víctor Zapata, integrante de la selección Colombia, la práctica del voleibol sentado significa seguir defendiendo y representando al país aunque de otra manera. “Este deporte nos permite de nuevo sentirnos activos y el poder representar de nuevo a Colombia, aunque sea de forma distinta, es un orgullo para todos. Además los amigos que estamos cultivando y los torneos internacionales hace, de este deporte una experiencia inolvidable; el conocimiento las diferentes culturas nos enriquece como personas”. Durante el torneo en Sopó el partido por el tercer lugar lo disputaron Córdoba y Bogotá. Desde las graderías las delegaciones de Antioquia y las Fuerzas Armadas se unieron con voz, palmas y tarros a hacerle barra a Córdoba, “porque ellos son militares y es una forma de darles apoyo moral”, dice Zapata. 

Actualmente el equipo colombiano está trabajando para la clasificación a los juegos paralímpicos de Rio 2016, para la participación en los Juegos Parapanamericanos de Toronto 2015,  y para ascender en el ranking internacional. Colombia empezó en el puesto 64 y actualmente ocupa el número 19 del ranking mundial, logro que hace que el voleibol sea el deporte paralímpico de mayor proyección. Es además uno de los más económicos: lo único necesario es un escenario, un balón, una malla y la entera disposición de los jugadores, dice Tunney Cañón, el entrenador. “Haciendo un esfuerzo de privados y el Estado, pero con recursos mínimos se han ido logrando los objetivos propuestos y la idea en Colombia es llegar a tener veinte, veinticinco ligas, para que este deporte trascienda como lo viene haciendo, pues la selección Colombia ha participado internacionalmente y ha escalado en el ranking mundial”, dice Carlos Gómez vicepresidente de la Federación Colombiana de Voleibol. 

“Es un orgullo ser partícipe de este gran logro, ver a todas las personas tan alegres y motivadas es lo que nos llevará a trabajar cada día más duro y hacer esfuerzos grandes para que el voleibol sentado crezca en Colombia y sea una forma de recuperar a todas aquellas personas que quieren una segunda oportunidad”, dice emocionado el entrenador Cañón al terminar el torneo.

 

Para ver más historias sobre este tema visite: Un sueño que se cultiva después de la tragedia 

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